viernes, 25 de noviembre de 2011
Amor en la tecnología
¡Vaya caos de semana!. El sábado pasado después de impartir una inolvidable sesión ante un millar largo de personas en una convención de Amway, firmaba libros en un pequeño stand montado en uno de los pasillos del enorme Hotel de Barajas (Madrid) donde se celebró la reunión. Mientras atendía a los que venían en busca de mi firma, alguien se llevó mi maletín de trabajo con el portátil dentro, algunos cuadernos con notas y varios efectos personales. Pero sobre todo se llevó varias semanas de trabajo de las que no hay copia de seguridad.
Vivir sin ordenador durante tres días y haber perdido dos meses de trabajo suena a priori como una tragedia, pero no lo es tanto. Por mucho que haya que rehacer casi medio libro que ya tenía escrito y un proyecto de negocio entero. Y es que a veces da la sensación que estamos en manos de la tecnología. La gente se enfada si en un aeropuerto no tiene acceso al wifi, o si no puede conectar su portátil a la corriente, o si su Blackberry deja de funcionar.
Un artículo de Forbes proclamaba esta semana que el trabajo más odiado del mundo, pese a su alta remuneración es el de Director de Tecnologías de la Información. Unas semanas antes la Universidad de Chicago presentaba un estudio en el que se afirmaba que el trabajo más feliz, pese a su escasa remuneración, es el de sacerdote por lo que este tiene de ayuda, entrega y servicio a los demás.
El domingo pasado, cuatro jóvenes sufrían un terrible accidente de tráfico en Madrid. Dos murieron. Otros dos quedaron gravemente heridos. Entre los heridos, Covadonga Sanz, una joven de 16 años que se debate entre la vida y la muerte. En twitter tras la cuenta @aupacova, que llevan sus familiares y amigos se ha desatado todo un ejemplo de amor, fe, entrega y cariño hacia los heridos para que pronto se recuperen.
Sin duda el desarrollo tecnológico nos ha hecho la vida más fácil y nos ha permitido progresar y alcanzar estándares de confort apenas imaginados. Pero quizá nos estamos pasando. Sólo si la tecnología va enfocada a los demás será loable este progreso.
¿Realmente utilizamos todas esas oportunidades que la tecnología nos brinda para amar a otros? ¿O la tecnología ha provocado un desdemido amor por las máquinas?. ¿Te has enfadado alguna vez por no tener wifi con el que decirle a alguien que le quieres o siempre que te enfadas por ello es por no poder leer tu periódico favorito o actualizar tu twitter o tu facebook?
(No os perdáis el vídeo de inicio. Aunque largo, merece la pena).
Etiquetas:
amor,
tecnología
viernes, 18 de noviembre de 2011
No es un castigo

Parece que esta semana sólo se habla de las elecciones. He recorrido los cuatro puntos cardinales del país, incluido el centro y la conversación recurrente es lo que pasará el domingo. Y sobre todo qué consecuencias traerá. Desde luego la situación es crítica y se impone la responsabilidad en el voto. En la dirección que sea, pero responsabilidad.
La prima de riesgo, el Banco Central Europeo, las políticas comunes... nos pillan algo lejos, pero lo que a todos nos toca y de cerca son 5 millones de compatriotas que no tienen trabajo. Y eso son muchos compatriotas. Y eso es muy duro.
Participé en Zaragoza en una de las Pink Slip Party que desde hace unos meses organizan Enrique Brito y César Dalmau. Se trata de una brillante y loable iniciativa que trata de reunir en un mismo evento y de forma natural a empleadores y gente desempleada para que del networking que allí se genere puedan aparecer oportunidades profesionales para unos y candidatos interesantes para los otros.
En Wisconsin hace años se llevó a cabo un nuevo programa que trataba, a modo de la Pink Slip Party, de buscar trabajo para todos los desempleados del estado. El esfuerzo invertido fue importante y por tanto los resultados sumamente interesantes. Pasado un tiempo se hizo un seguimiento de aquellas personas que habían encontrado trabajo y se descubrió que lo que más les gustaba de tener trabajo no era el dinero del salario, sino el respeto que sentían hacia ellas mismas como personas. Era una forma de demostrar su responsabilidad, su habilidad y su seriedad. El trabajo (siempre que no suponga una adicción) da un sentido a nuestra vida y aumenta el aprecio que le tenemos a ésta.
Utiliza tu trabajo no como una condena, no como un castigo, sino como una oportunidad de demostrar y demostrarte lo que eres capaz de hacer. Porque no es cierto que Dios nos castigara a trabajar, sino que el hombre, en el paraíso terrenal ya trabajaba antes de que Eva mordiera la manzana. Fue tras su desobediencia cuando Dios les condenó a fatigarse por ello: "Con fatiga sacarás del suelo tu alimento todos los días de tu vida".
Que el domingo gane el mejor y que 5 millones de amigos puedan pronto volver a aportar a la sociedad todo lo que saben hacer. Que es mucho.
viernes, 11 de noviembre de 2011
¿Por qué compites?

Se termina una semana muy movida que nos deja en la recta final del año. Pese a estar cada día en una ciudad distinta y en algún caso dos, he conseguido dormir fuera de casa sólo una noche. Ha sido un poco locura de aviones, coches y demás, pero dormir en casa y ver a la familia merece la pena. Cueste el esfuerzo que cueste.
El martes por la noche, después de clausurar los programas Master de Kühnel Estudios Superiores en Madrid, conduje hasta Pamplona. Cuatro horas separadas por la medianoche recorriendo una desierta provincia de Soria. En ese trayecto, escuché en la radio que en Trie-sur-Baise, una pequeña ciudad francesa situada cerca de Lourdes, se había celebrado, como viene siendo tradicional en fechas cercanas a San Martín (11 de Noviembre), un concurso de imitadores de cerdos. Como complemento del reportaje se podían oír los gruñidos del campeón.
La noticia me hizo pensar. Creo que ninguno de nosotros participaríamos en un concurso de ese tipo. Posiblemente nuestras habilidades como gruñidores no son algo que nos enorgullezca, ni es algo que realmente nos importa.
Pero muchos de nosotros participamos en frecuencia en carreras en las que realmente no queremos ganar. Siempre hay alguien con quien estar en secreta competencia económica, social o profesional: un amigo, un vecino, un familiar o alguien a quien queremos. Evaluamos su casa, su coche, su estilo de vida y tratamos de superarlos. Pero nuestra vida no mejora si el motor de su coche se rompe o si a última hora tiene que cancelar sus vacaciones, o si somos promocionados antes que nuestro compañero de despacho.
¿Pero esta es en realidad tu meta? ¿Viniste a este mundo para ser ascendido antes que tus compañeros de trabajo?, ¿para tener un coche más grande que el vecino?. No hay ninguna razón para competir en un juego que realmente no te interesa ganar. Deja que tus metas verdaderas te guíen. No hagas carreras sin importancia de las que no sacarás provecho alguno incluso ganándolas y que te desvían de lo que de verdad te importa.
viernes, 4 de noviembre de 2011
36 Cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien

Leí una vez a Paulino Castells que "la riqueza de un pueblo se mide por el legado de sus mayores". Y sin duda alguna Leopoldo Abadía quiere hacer caso a esa frase y nos está dejando un legado de conocimiento, primero económico pero ahora experiencial y de vida absolutamente formidable.
Si de algo puede hablar con mucha autoridad Leopoldo, padre de doce hijos y abuelo de cuarenta y tantos nietos, es de la familia. Desde las primeras páginas del libro, escrito en el tono cercano y divertido que le ha hecho famoso, deja claro que son tres los pilares sobre los que se basan esas 36 cosas (que luego son más de cincuenta): "libertad, cariño y un cierto orden".
Mediante recetas concretas y sencillas, anécdotas propias y frases de personajes célebres se van abordando los problemas que tiene una familia de hoy en día: padres que viajan, abuelos que cuidan de los niños, la relación con los suegros, con las nueras, con los novios y novias de los hijos, con los vecinos, con los amigos, con las tatas.
La importancia de la formación y de la elección de los colegios, la búsqueda de la felicidad en la familia, la educación en valores, la austeridad, la Dirección Por Encargos (que equipara a la Dirección por Objetivos de las empresas), e incluso la oración en familia (a la que le dedica dos páginas con la advertencia previa para que se lo salten aquellos a los que les de urticaria la religión) son temas que se van abordando dejando claro que estas son las cosas que le han funcionado en SU familia, y que puede que a algunos les funcionen unas cosas a otros otras...
Como dice Leopoldo, "la familia es el primer negocio de cada persona". Medio centenar de pistas interesantes para triunfar en ese imporante negocio, contadas de forma amena, divertida y que puedes leer en un par de viajes en AVE convierten este "36 cosas" un libro imprescindible.
Aquí podéis ver el spot que presenta el libro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
