viernes, 30 de septiembre de 2011

Un bigote para cambiar


En la suela de mis zapatos llevo esta semana marcas de sesiones en Castellón, Valencia, Sevilla, Madrid y de nuevo Valencia, pero en mi cartera del corazón guardaré siempre un montón de recuerdos, de buenos momentos y de gente maravillosa que he conocido y con la que he podido compartir un trozo de mi caminar. Gente fantástica y maravillosa como Pablo, Remedios, Luisa, Laura, Ramón, Rafa, Marta, Roberto...

Con Javier, socio de un bufette de Abogados en Valencia compartí mesa y mantel el jueves. Una maravillosa velada en la que terminamos charlando acerca de la increíble paciencia que hay que tener para conseguir obrar cambios en los demás. Muchas veces perdemos la paciencia y eso nos lleva a adoptar a veces decisiones injustas y no del todo meditadas. Con nuestra pareja, con nuestros hijos, con nuestros colaboradores...

La misma paciencia que tenemos con nosotros mismos a la hora de cambiar determinados hábitos o comportamientos que tenemos adquiridos, tenemos que tener con los demás.

Una mujer desesperada acudió a un mago para pedirle una pócima para que sanara a su marido. Desde que había vuelto de la guerra se había encerrado en sí mismo y ya no era el mismo de antes.

"Todos me pedís pócimas, milagros y que obre fenómenos extraños, pero las cosas son mucho más fáciles. Aún así y dada tu insistencia te daré un remedio. Pero para prepararlo, necesito que me traigas un bigote de tigre. Es un ingrediente necesario y no lo tengo".

La mujer se asustó mucho, pero era tan grande su interés por recuperar a su marido que comenzó a acercarse todas las noches a una cueva donde vivía un tigre. Le llevaba una cazuela con carne, que colocaba frente a la entrada de la caverna, pero el tigre no acudía. La mujer no se rindió y siguió noche tras noche acudiendo hasta la cueva. Al cabo de unos meses el tigre se familiarizó con el olor de la mujer y empezó a salir a comer la carne. Unas semanas después, la mujer se empezó a acercar al animal, y poco a poco comenzó a acariciarle hasta que hubo una total confianza entre ambos.

Una noche, en una de esas caricias, la mujer le arrancó un pelo del bigote y salió corriendo a casa del mago. Este tomo el pelo, lo miró y lo arrojó al fuego.

- "¡Con el trabajo que me ha costado y el miedo que he pasado para conseguirlo ahora vas tú ¿y lo tiras al fuego?!". Gritó la mujer.

- "El bigote no sirve para nada. Lo que has hecho con el tigre es lo que tienes que hacer con tu marido: poco a poco. Si un tigre responde positivamente ¿por qué no lo va a hacer un ser humano?"

2 comentarios:

taxi-sevilla dijo...

Genial Carlos

Ebude dijo...

Paciencia, el bien más escaso de la humanidad... Y el más necesario.
Saludos.