viernes, 31 de octubre de 2008

Veinte metros y cinco días después


La foto que abre este post fue tomada el sábado 25 de Octubre en una sesión que impartí en el Aula Magna del Edificio Central de la Universidad de Navarra en el transcurso del Alumni Weekend.

Cinco días después y en ese mismo edificio, los salvajes asesinos de ETA hacían volar un coche bomba. No era la primera vez que la sinrazón etarra atacaba el campus de la Universidad. Ya lo había hecho en los años 1980, 1981, 1983 y el 23 de Mayo de 2002 a la vez que nacía mi hija Leyre en la Clínica Universitaria.

Nunca entenderé que hay en la cabeza de alguien para que pueda llegar a matar a otro, para que pueda llegar a hacer daño a alguien, para querer atacar el dinamismo, la colaboración, el diálogo, la curiosidad, la honradez, la excelencia, la internacionalidad, la eficacia, la amistad, el saber, la educación, la dignidad, la libertad, la vida... Porque todo, todo eso es la Universidad.

Pero creo que las palabras del Rector y el hacer de los alumnos son hoy el mejor mensaje que podemos dar a los terroristas. Ni miedo, ni rencor. A trabajar, sin miedo, y sin odio. No hay nada que les pueda doler más a estos asesinos que no conseguir alterar nuestra vida ordinaria.

Por eso, las casi 80 horas de trabajo de esta semana y las más de 90 que tendré la próxima van dedicadas a la Universidad. A sus profesores, a sus alumnos, a sus antiguos alumnos, a sus amigos, a sus empleados... Y también a los terroristas, que seguro que les duele!.

Por cierto, que gracias a la Universidad de Navarra tengo cuatro conferencias abiertas este mes: 13 de Noviembre en Málaga, 14 de Noviembre en Barcelona, 21 de Noviembre en Bilbao y 27 de Noviembre en Madrid. Estáis todos invitados. Vosotros y vuestros amigos.

viernes, 24 de octubre de 2008

Rompiendo la base de datos



Lunes. Media mañana. Aterrizo en Barajas y me acerco a la oficina de AVIS en la T4. Tengo un coche de alquiler para ir a Aranda de Duero. Como siempre, un grupo C (Opel Astra, Renault Megane, Seat León…). Dos empleados al otro lado del mostrador. Ningún cliente esperando. Me atiende la chica:

- Buenos días, tenía un coche reservado. Creo que era un Porche Cayanne o un Hummer o algo así.
- (risas) Buenos días, déjeme su Tarjeta Preferred
- Aquí la tiene. Quizá, con las lluvias, el Cayanne se ha encogido y se ha convertido en un Corsa pero…
- Creo que le puedo dar un Opel Astra ¿le parece?

El otro empleado es un chico al que conozco de vista –y creo que me conoce-. Se incorpora a la conversación de golpe:

- Señor Andreu, ¿a dónde va a ir con el coche? (caray!, ¿cómo sabe mi nombre?)
- A Aranda de Duero y volver.
- Hasta Aranda hay 150 km no?
- Sí más o menos. Yo creo que haré 400 kilómetros entre ir, volver y callejear.
- Entonces le voy a dar un regalo, si usted quiere, claro.
- Faltaría más!. Dígame.
- Tengo un Mercedes CLK200 descapotable que le puedo dejar siempre que no me cambie la oficina de devolución. Le cobraría como si fuera el Astra.
- Hombre!, pues muchísimas gracias
- Pues nada, aquí tiene su llave. Está aparcado en la plaza 590.

Miércoles. Me he levantado en Aranda. He trabajado allí hasta media mañana. He cogido el coche hasta Alcobendas y he tenido clase toda la tarde con los chicos y chicas del Master de Dirección de Hoteles con Encanto de Rusticae y la Universidad Europea de Madrid. Lo he pasado en grande. Creo que ellos también.Al menos eso piensa Ruth, que ha escrito un mail a la dirección agradeciéndoles haberle dado la oportunidad de pasar una tarde conmigo. Y cuando lo pasas bien, y por tanto lo haces bien, te entregas a fondo. He salido de Alcobendas muy cansado. Hacia Atocha. AVE a Sevilla a las 21.00. Llego a Medianoche al Hesperia Sevilla. Agotado.

Dos personas tras el mostrador. El hombre de seguridad y la recepcionista. Esta está discutiendo con alguien por teléfono sobre los turnos de trabajo. Yo espero. El de seguridad tampoco puede hacer mucho, pero al menos anota en una hoja que me despierten a las 6.15AM. A las 7 desayunaré con Carlos Muñoz, de Baeza, S.A. con quienes tengo programada una formación para su dirección Comercial.

Sigo esperando en el mostrador. Preparo mi DNI, la tarjeta Hesperia One, la tarjeta de Crédito. La recepcionista sigue quejándose de que tiene tres sábados seguidos y que le gustaría tener alguno de fiesta. Yo sigo esperando. Pasan casi cinco minutos y se despide de su interlocutor. Se dirige a la zona donde estoy esperando, y directamente me dice:

- Tenía reserva ¿verdad?. A nombre ¿de?
- Carlos Andreu. Para unas horitas nada más.

Teclea algo en el ordenador, y recoge unas hojas de la impresora.

- Firme aquí, y aquí tiene su llave. La 337.

Ni saludo, ni disculpas ni nada. Subo a la habitación. Un pasillo larguísimo y tras él una estancia mínima. No llegará a 10 metros cuadrados. La cama, una mesa destartalada, un armario tapado por el minibar y por la televisión que además oculta los interruptores de la luz del baño. Ventanas que cierran mal, con el consiguiente fresco y ruido. La puerta del baño es de cristal, y la ventana del baño, que no se puede cerrar no tiene cortina, por lo que la luz de la fachada se cuela en la habitación como si hubiera allí mismo un reflector.

¿Para qué se gastará Hesperia dinero en un programa que se llama Hesperia One, si trata así a sus titulares?. No era la primera vez que me alojaba en ese hotel, ni por supuesto en la cadena. ¿Para que sirve entonces la base de datos? ¿Para tratar mal a un cliente “fiel”?.

Por más programas de fidelización que diseñemos, por más bases de datos que instalemos, por más protocolos y procedimientos que establezcamos, por más “ingeniería” que queramos meter en nuestras actividades comerciales y de atención al cliente, en el fondo todo se puede venir abajo por una cuestión humana. Por una cuestión de actitud.

El grupo Accor publicaba esta semana el Barómetro de Clima Laboral, en el que indicaba que el 32% de los españoles está feliz en su trabajo (28% el año pasado). Basan esa felicidad en su “nivel de motivación”, de "implicación en la empresa" y de "desarrollo de una actividad que les gusta y para la que están preparados". El chico de Avis debía ser feliz, pero la chica de Hesperia era infeliz.

Ya lo decían los chinos: “El que no sepa sonreir, que no abra una tienda

viernes, 17 de octubre de 2008

Camino de Belagua



Dos sesiones en Madrid, dos en Barcelona, una en Pamplona y una en Alicante. No esta mal para haber empezado la semana con la resaca de los Pilares…

En todo ese jaleo de aviones, AVES y demás, la providencia (ya sabes que no creo en la casualidad) me ha puesto tres hechos a tiro: El martes me imponían la Beca de Honor y me nombraban Padrino del Colegio Mayor Belagua de Pamplona; el miércoles, en una escala en la viejita T2 de Barajas, paso por la puerta de la Capilla y un simpático sacerdote me entrega una estampa de Alexia González Barros; y hoy viernes, en Alicante, veo con un amigo en el cine la película Camino, de Javier Fesser, que cuenta precisamente la historia de la niña de la estampa.

El 5 de diciembre (cumpleaños de mi madre -¿otra providencia?-) de 1985, un tumor maligno se llevó la vida de esta madrileña a sus 14 años en la Clínica Universitaria de Navarra después de 10 meses de terribles operaciones, sufrimientos y dolores.

La película no me ha gustado. No soy un experto en cine, pero se me ha hecho larguísima; bueno, es que es larguísima casi dos horas y media de metraje. Me ha resultado desagradable; las escenas de las operaciones de columna son más propias de una película gore que de un documental del National Geographic. Y la mezcla entre fantasía (cielos llenos de florecillas, ratoncillos escapando de sus jaulas, hombres vestidos de verde con absurdos sombreros, música de ¿La Cenicienta?…) y la realidad (durísima) creo que pega poco cuando lo mejor hubiera sido haber filmado un dramón. Eso sí, me ha parecido magistral la interpretación de Nerea Camacho en el papel protagonista (Camino).



Pero la película sobre todo me ha enfadado. Porque Javier Fesser dice que pretende, contando la vida de Alexia, radiografiar lo que es el Opus Dei y así pretende vendernos de dos cosas:

- Trata de amedrentarnos al grito de “¡Que viene el Opus! ¡Que viene el Opus!”: No oculto que me formé en un colegio cercano al Opus, ni que estudié en el IESE, que como todo el mundo sabe, es del Opus. Ni que colaboro con la Universidad de Navarra, ni que he impartido conferencias en algunos Colegios Mayores del Opus (Somosierra, Albayzin, Belagua, Guadaira...).

Desde que tengo uso de razón vengo oyendo este grito. Y yo, en el Opus, he encontrado gente magnífica y gente seta, he congeniado más con unos estilos que con otros, pero desde luego, de fieras ululantes que se azotan, nada de nada. Y estoy seguro que como yo piensan todos los han pasado cerca del Opus (Colegios, Obras Sociales, Universidades, Clínicas…).

- Que dirige el film “para denunciar la actitud de aquellos y aquellas que se empeñan en evangelizar y vender a los demás su punto de vista (…) y que la Fe es un camelo, porque si no, tener Fe sería un chollo”. Pues claro que lo es. Porque teniendo Fe –y sólo con ella- podemos explicar lo que nuestra cabeza no consigue entender (el sentido del dolor; que la muerte no es más que una parada en nuestro viaje hacia el más allá; que todo tiene un sentido y un porqué: cada momento, cada pequeño o gran sacrificio que hacemos, cada alegría, cada tristeza, cada dolor, cada esfuerzo...). Una vida sin Fe (la que sea) es una vida con demasiados huecos, con demasiados vacíos que hemos de rellenar y que Fesser, rellena con sus miedos, fantasmas y paranoias.

La Fe es un don, un regalo. Que hay que cultivar. Y tendríamos que dar gracias siempre por haberlo recibido, y rezar por los que no lo tienen o lo han perdido en el camino.

Camino de Andorra, desde donde escribo este post, hablo con mi amigo Enrique, que es del Opus, y me dice: “con el tal Fesser, lo único que hay que hacer es rezar por él”… ¡toma castaña!.

Señor Fesser, aunque le duela, rezaremos por usted.

viernes, 10 de octubre de 2008

El lado amargo de la tecnología



Inauguro la semana con una sesión para el equipo de ANAIN (Agencia Navarra de la Innovación) y la clausuro unos cuantos aviones después en Sevilla con SANDETEL (Sociedad Andaluza para el Desarrollo de las Telecomunicaciones).

Del equipo navarro dedicado a la innovación, me sorprende su juventud, su entusiasmo desbordante y sobre todo que la mayoría son mujeres. Más de la mitad del mundo son mujeres, así que es lógico que las que piensan en el futuro de Navarra, sean en mayoría mujeres. No por cuota ni por obligación, sino por capacidad y por preparación.

De los chicos y chicas andaluces, capitaneados por Benigno Lacort, un tipo de quitarse el sombrero, me gusta su cercanía, su excelente formación y su capacidad de mirar y absorber cosas nuevas desde sus brillantes mentes ingenieriles para hacer de Andalucía un sitio puntero en Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación.

En los viajes de la semana he leído algunos informes, artículos y revistas que tenía retrasados y me ha sorprendido un artículo -al hilo de la tecnología- que recogía un estudio de Career Builder en el que se avisaba que el 26% de los responsables de RRHH utilizan Facebook, Linkedin o MySpace, entre otros sitios, como parte del proceso de selección. Hace dos años apenas un 8% lo hacía.

La capacidad de network que estas Redes Sociales puede proporcionarnos y la posibilidad de contactar con viejos amigos, colegas o incluso clientes que cambiaron de empresa no debe eclipsar el riesgo de que un momento de euforia casi adolescente nos lleve a subir a nuestra página fotos personales de la última juerga con amigos, comentarios sobre nuestro jefe o nuestra actitud en el trabajo... Porque la encuesta revela también que un 34% de los ejecutivos que chequearon estos sitios, descartaron a algún candidato por las cosas que vieron en sus páginas, sobre todo informaciones relativas al consumo de drogas, alcohol o publicación de fotos provocativas o inapropiadas.

El Head Hunter de turno que entrevistan al respecto en el artículo añade: "Quien se plantea invalidar a un candidato por una información o por una fotografía poco decorosa adopta una postura determinista, y viene a asegurar que comportamientos anteriores predicen comportamientos futuros, obviando la capacidad humana para rectificar, aprender y remodelarse. Que estas situaciones nos puedan perjudicar dependerá tanto de nuestra capacidad para controlar la información que compartimos, como del grado de tolerancia que la sociedad vaya desarrollando para acomodarse a este entorno"

Según este consultor si la sociedad se acomoda a que tú puedas entrar en mi sitio de Facebook y ver las fotos salvajes de mi última despedida de soltero, no habrá problemas. Pero yo le niego la mayor. La sociedad no tiene que acomodarse a ello. Me niego a que se acomode a eso. Si no quieres que nadie se entere de tu última despedida de soltero salvaje, haz que esta no sea salvaje, y si lo va a ser (la mujer del César no sólo tiene que serlo sino parecerlo) no publiques las fotos en internet:

1) Porque lo que publiques en la red de redes puede llevarte a la fama eterna o a la eterna condena; y salir de la condena de internet es francamente complicado. Lo que allí aparece es difícil de borrar y muy fácil de ver. Al albur de los acontecimientos, han aparecido algunas compañías (como Manfatta de mi amiga Neus Marqués o la americana Fertik) que por algo menos de 15 dólares mensuales mantienen a raya tu reputación en la red.

2) Porque lo que alguien pueda hacer con ese material que tú cuelgas, no está a tu alcance. Y esto es especialmente grave si hablamos de niños y adolescentes. Los chicos americanos del National Center for Missing & Exploited Children se asociaron con el Ad Council (Consejo de Publicistas), ambas entidades privadas, y editaron este spot:

En el fondo, ya lo decía D. Arcadio, el cura de mi colegio: "Compórtate siempre como si te estuviera viendo tu madre. Eso, te librará de problemas".

Felices Fiestas del Pilar a todos mis amigos maños!.

viernes, 3 de octubre de 2008

Las Claves del Talento


Un 14 de Agosto de 1995, en Misa de 18.30 del día de la Asunción, en la Iglesia de St Paul del barrio de Westwood de Los Ángeles, California, conocí a Pablo Cardona. Entre todos los fieles enseguida nos dimos cuenta que ambos éramos españoles, y a la salida, como buenos compatriotas que se encuentran lejos de casa, estuvimos charlando un rato y caminamos juntos hacia nuestras residencias en el Campus Universitario de UCLA.

Entonces Pablo era un doctorando en la Anderson School of Management de UCLA. Y yo un simple licenciado en Derecho que ampliaba estudios de Relaciones Internacionales y perfeccionaba mi inglés. Cuatro años después, cuando Pablo terminó la tesis y volvió al IESE yo empezaba a cursar mi MBA allí, y él fue durante dos años mi jefe de equipo, mi mentor, mi maestro, mi consejero y casi mi padre…

Demasiadas cosas para que lo de Los Ángeles fuera una simple casualidad…

Así que no podría hablar mal de Pablo, pero es que si lo hiciera con este libro, cometería una injusticia terrible.

Es el primer libro de un autor español, que se publicó en Empresa Activa, la célebre editorial de ¿Quién se ha llevado mi queso?. Una novela amena, corta, de dos puentes aéreos o un AVE a Sevilla. Pero profunda como pocas.

Sorprende la sencillez y naturalidad con la que está escrita. Y la cercanía de las cosas que cuenta: ambientada en Barcelona, con gente joven, normal, que tienen novias, con problemas, que ponen el Belén en Navidad e incluso van a Misa del Gallo y a los Oficios de Semana Santa… Pero su carga de Management está demasiado lejos de las fabulitas del Queso o de Fish.

Pablo lleva a Daniel de la mano durante sus primeros pasos en la vida laboral tras terminar la carrera. Su primera experiencia, una empresa textil donde impera el ordeno y mando, donde simplemente se asignan tareas (Dirección por Tareas) que se suponen hechas, y si no, bronca. Desde ahí Pablo desarrolla sus conceptos de Talento Dependiente (de otro, del jefe) y de Motivación Extrínseca, es decir, la económica, haciendo sencilla la teoría de las motivaciones de Pérez López. ¿Conoces alguna empresa así?. Yo más de una, pero no diré sus nombres.

Desde el sector textil, Daniel salta a la consultoría. Le puede el glamour del Puente Aéreo, los viajes a Lisboa, Madrid y Atenas, un buen sueldo y sobre todo huir de su antiguo jefe. El típico jefe tóxico. En este nuevo sector, Daniel descubrirá la Dirección por Objetivos. Su jefe le marca un lugar al que llegar, y él ha de buscarse la vida. Esos objetivos están muy bien retribuidos, pero requieren dar todo el esfuerzo individual de Daniel por conseguirlos. Pasamos al Talento Independiente, pero de tan independiente el protagonista se cansa. Se da cuenta que ha colmado otra motivación más: la Intrínseca, la que nos enorgullece del trabajo realizado, de haber conseguido el objetivo. Pero él quiere más.

Por eso salta a una pequeña empresa juguetera donde su jefe libera el talento de su gente tratándoles como personas en el sentido más puro de la palabra, dándoles libertad para tomar decisiones, y haciéndoles responsables de una misión superior a la de los meros objetivos: dar lo mejor de cada uno de nosotros en nuestro trabajo, contribuyendo al bien de los demás (el equipo, la empresa, la sociedad). Es la Motivación Contributiva, el Talento Interdependiente, en definitiva, la Dirección por Misiones.

Nunca en tan pocas páginas se habían dicho tantas cosas interesantes. 100% Recomendable.