viernes, 22 de febrero de 2008

Creer en Dios ayuda



Hace unos días, impartí una conferencia en Sevilla. En un momento de la misma, siguiendo a Elizabeth Kubler Rose, afirmé que uno de los cuatro elementos más importantes de nuestra vida, es la parte espiritual de la misma. Elizabeth, doctora en cuidados paliativos, dice que en la vida debemos atender a cuatro cuadrantes: el físico, el intelectual, el emocional y el espiritual.

Tras la sesión, algunas de las asistentes me escribieron algunos correos electrónicos pidiéndome más información al respecto y animándome a comentar más en profundidad estos temas en próximas sesiones. Es cierto que no es un tema "muy de moda" y posiblemente sea hasta "políticamente incorrecto". Sin embargo es cierto. La gente que cree en Dios es más féliz, y le va mejor la vida.

Jonathan Gruber, investigador del Massachussets Institute of Technology (MIT), demuestra en un estudio, que todos los indicadores sociales, el bienestar general, el éxito profesional y el económico mejoran cuando el factor religioso entra en juego. Practicar una religión, asistir a Misa y rodearse de personas que comparten creencias contribuye a triunfar en el trabajo, en los negocios y en la vida en general.

El estudio de Gruber, "Estructura de los mercados religiosos, participación religiosa y resultados: ¿Es buena la religión para ti?", se llevó a cabo en Estados Unidos, con población blanca de origen mayoritariamente europeo y se ciñó a religiones judeocristianas. Fue realizado por encargo del Departamento Nacional de Investigación Económica.

El investigador del MIT se pregunta: “¿Tiene mejores ingresos la gente que vive cerca de grupos étnicos complementarios que comparten la misma religión? La respuesta es sí”. “Tal vez aquellos que tienen fe podrían afrontar los problemas diarios en el mercado laboral y en las relaciones personales con más posibilidades de éxito”, insiste.

Si atendemos a los resultados del estudio, algo tan sencillo como duplicar la asistencia a ceremonias religiosas se traduce en un incremento del 9,1 por ciento de los ingresos de las familias, así como en una mejora de un 5,5 por ciento en la escala de la pobreza y en un aumento del 4,4 por ciento en las posibilidades de contraer matrimonio.

En un país como Estados Unidos, donde el 85% de la población cree que Dios ejerce una influencia importante y positiva en su vida, “hay muchos estudios sobre la correlación entre la participación religiosa y los ingresos económicos”, dice Jonathan Gruber. Sin embargo, “éste es el primero que intenta demostrar que el primer factor causa el segundo” concluye el investigador del Instituto Tecnológico de Massachusset.

Por otro lado, Patrick F. Fagan, de la Fundación Heritage, recopila distintos estudios a este respecto, y concluye que "si las religiones no existieran, la sociedad en la que vivimos tendría un rostro menos amable del que presenta hoy. Se incrementaría el número de divorcios, los casos de violencia doméstica se multiplicarían, así también las infidelidades, el consumo de alcohol y de drogas, las depresiones, los suicidios y las enfermedades mentales".

Las parejas que acuden frecuentemente a los servicios religiosos se divorcian 2,5veces menos que aquellos que no acuden a la Iglesia. Los creyentes que llevan más de 30 años casados aseguran que su fe ha sido fundamental a la hora de superar los momentos de crisis y una guía moral imprescindible para tomar decisiones en su vida.

Fagan indica además que el maltrato a la mujer se produce en un 50% menos en aquellos hombres que asisten a servicios religiosos al menos una vez a la semana que aquellos que van sólo una vez al año o menos. Lo mismo ocurre en otras esferas del crimen: los estados que tienen un mayor índice de población creyente suelen tener menos homicidios y suicidios.

En planos más positivos, la mayoría de los estudios inciden además enq ue la práctica religiosa mejora la autoestima, ayuda a que disminuya el estrés y los estados de depresión, e incluso prolonga la vida. No sería descabellado, por tanto, que en el futuro, médicos y psicólogos recomienden ir a la iglesia para mejorar el estado de salud de sus pacientes.

En definitiva, que Creer en Dios ayuda.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Sonríe, estás en España



El fin de semana pasado lo pasé en Sevilla con mi amigo Jose Antonio Fernández, de la Universidad de Navarra. Tuvimos un par de reuniones y además impartí una animada y concurrida conferencia.

Paseamos por una Sevilla primaveral, con los primeros pasos de Semana Santa procesionando por las calles, con los naranjos poblados de frutas y las callejas del barrio de Santa Cruz medio invadidas de extranjeras jóvenes visitando la ciudad al reclamo de los toreros, las tapas, el fino, y las cañitas.

En una pequeña pensión en la Trianera calle Pureza vi un cartel de Turespaña. Una niña pequeña juega en la playa. Delante de ella hay pintada una enorme sonrisa. En la parte superior una leyenda contundente: "Smile!, you´re in Spain". Sonríe, estás en España.

Estaba lejos de casa, lejos de mi mujer y de mis niños. La semana que terminaba había sido durísima. Cuatro despertares a las 5.15AM, acostándome más allá de la media noche todos los días; siete ciudades en cinco días; ocho aviones; tres coches de alquiler; más de 4000km a la espalda; cuatro noches de hotel; siete sesiones de formación; más de 100 emails contestados... Pero aquel anuncio tenía razón. ¿Porqué no sonreir?. Estaba en Sevilla!. Siempre hay un motivo para hacerlo. Siempre hay un motivo para estar feliz.

El lunes, en Valencia, vi un trozo de una serie de televisión. Creo que era Antena3, pero seguro que se llamaba "Física y Química". Por lo poco que ví, cuenta la vida de los alumnos y profesores de un Instituto de Enseñanza Secundaria. Hace tiempo que terminé el bachillerato y mis niños todavía siguen en los primeros cursos de Infantil, pero el retrato de los alumnos, es decir, de los adolescentes españoles, me heló la sangre: depresivos suicidas -uno de los alumnos se arroja al vacío desde una ventana-, ninfómanas zorronas, chulos racistas de estética batasuna... A los alumnos que podrían pasar por personas normales el guión les otorgaba un papel secundario. ¿Los adolescentes españoles son así? Confieso que no lo sé.

Emilio Calatuyud, juez de menores de Granada, acaba de publicar sus "Reflexiones" y en ellas incluye un «decálogo para formar un delincuente» en cuyos principios parece haberse inspirado el guionista de esta serie para dibujar a los personajes adolescentes.

Pero no mejora en absoluto el retrato de los profesores, que navegan entre la fragilidad y la absurda camaradería. La profesora de filosofía -¿casualidad?- se acuesta con uno de sus alumnos, mientras que otra rompe a llorar a los dos minutos de iniciar el curso. Demasiado duro para un hijo y nieto de maestros...

Quizá mi vida vertiginosa me sitúa en un mundo alejado de la vida real. Quizá mi mundo de aviones, salas VIP de aeropuertos, hoteles, reuniones y convenciones de empresas, altos directivos... esté muy muy lejos del mundo de Física y Química. Pero desde luego si la educación en España se ha convertido en un intercambio vacío entre adolescentes sin deseos de aprender y profesores superados por los acontecimientos, vamos abocados al desastre. El informe Pisa se habrá quedado corto.

Ojalá los candidatos al gobierno en esta interminable campaña electoral decidieran enviarnos a todos una copia del cartel. A más de alguno de esos profesores y adolescentes les hace mucha falta.