viernes, 23 de enero de 2015

Nadie triunfa solo

Una de las ventajas de trabajar "por libre" es que puedes disponer de tu tiempo a tu antojo. Esta semana en Madrid, quedé con un amigo, que sabe mucho de arte, con el voy visitando poco a poco el Museo del Prado. La entrada es gratuita las dos últimas horas de la tarde (de 17.00 a 19.00), y como la Colección es inabarcable, aunque pasáramos dentro del museo varios días, uno puede ir viendo cosas "de hora en hora". Esta semana vimos varias obras del alemán Alberto Durero, y me acordé de su célebre "Manos que oran" que se exhibe en el Museo Albertina de Viena.

Cuentan que Alberto era uno de los dieciocho hermanos de una familia. Su padre trabajaba, un montón de horas diarias, en una mina de oro cerca de Nuremberg para sacar adelante a la familia. Alberto y otro de sus hermanos pronto destacaron por sus capacidades artísticas, pero ambos sabían que su familia no podía costear los estudios de ninguno.

Siendo ya jovencitos, un domingo, al salir de la Iglesia decidieron echar una moneda al aire a ver a cual de los dos le tocaba la suerte. El afortunado iría a Nuremberg a estudiar arte, y el otro a trabajar en las minas para costearle los gastos. Cuando el primero acabara sus estudios, con el dinero que ganara como artista, le pagaría al otro para que estudiara. La suerte cayó sobre Alberto, que destacó muy pronto en su academia y sus obras, casi antes de terminar los estudios, se vendían ya a buen precio.

Tras los cuatro años de preparación, Alberto volvió a casa, y la fiesta de recibimiento familiar, brindó por su hermano diciendo:

- Tú me has pagado a mí, así que ahora ve tú a la Academia, que yo me hago cargo de tus gastos.

- No -respondió el hermano- Mira mis manos. Cuatro años de duro trabajo en la mina me las han deformado. Ya no sirven para el arte. Apenas podría coger la pluma o el pincel entre mis dedos. Es tarde para mí.

Dicen que Alberto, dibujó en ese cuadro, las manos maltratadas de su hermano, con las palmas unidas y los dedos apuntando al cielo. Y es que nunca nadie triunfa solo.

Por eso, como dicen en el monte, si quieres ir rápido, camino solo; pero si quieres llegar lejos, ve acompañado. ¿Tienes a tu lado a la mejor compañía? ¿Eres profundamente agradecido con ellos?

viernes, 16 de enero de 2015

Aprovecha hasta las piedras

Un montón de sesiones esta semana. El martes aproveché para cenar con un amigo que lo está pasando mal. Un fuerte revés profesional acabó afectando también a su vida personal. Pese a que objetivamente las cosas le van mal, me sorprendió encontrarle profundamente animado y esperanzado.

La actitud con la que afronta las piedras del camino es encomiable y me hizo recordar esta historia de una piedra, que el entrenador de fútbol Manuel Conde me contó hace un tiempo en Vigo:

La piedra:

- El distraído tropezó con ella
- El violento la utilizó como proyectil
- El emprendedor, construyó con ella
- El campesino, cansado, la utilizó como asiento
- Para los niños fue un juguete
- David mató a Goliat
- Miguel Angel extrajo de ella la más bella escultura

En todos estos casos la diferencia no estuvo en la piedra, ¡sino en el hombre!

Por eso, no hay piedra en el camino que no podamos aprovechar para ser mejores.

viernes, 9 de enero de 2015

Una caja de lápices

Ya hemos vuelto a la actividad después del parón navideño que hemos aprovechado al máximo. Los Reyes Magos, dejaron en casa para una de mis hijas una caja de lapiceros como estos. Hace años me regalaron a mí una igual, en una sesión en Murcia. Todavía conservo la caja, como estuche, en mi despacho.

Quien me lo regaló, me explicó que a ellos les gustaba obsequiar a su gente con lapiceros. No con bolígrafos o con plumas, sino con lapiceros. Porque los consideraban una herramienta de escritura superior al resto. Por cinco cosas. Cosas que si aplicamos a nuestra vida, seguro que nos hacen mejor persona:

1. Con un lapicero puedes hacer muchas cosas, pero no podemos olvidar nunca que hay una mano, la de Dios, que guía nuestro "dibujo".

2.  El lapicero, va desgastando su mina y de vez en cuando, necesitamos afilarlo. Eso hará sufrir al lápiz, pero escribirá mejor. Igual que los hombres. Tendremos que soportar algunos sufrimientos, pero estos, nos harán mejores.

3. Si escribiendo con el lápiz nos equivocamos, siempre podemos usar una goma para borrar. Corregir los errores que cometer en nuestro caminar no es malo sino justo.

4. Lo importante del lápiz no es ni su madera, ni su acabado, ni su color, sino el grafito que hay dentro. Ocurre igual en las personas. Lo importante no es su apariencia sino lo que guardan en su corazón.

5. El lapicero siempre marca. Como todo en la vida. Cualquier cosa que hagamos dejará trazos, y por eso debemos ser conscientes de cada una de nuestras acciones.

Un buen propósito para este año que comienza: convertirnos en los mejores lápices del mundo.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Feliz Navidad 2014

El dibujo es obra de mi hija Leyre (12 años)

Se acaba un año más. Iberia me felicita con un email en el que me dice que he recorrido con ellos 185.000 kms, cuatro veces la vuelta al mundo. Pero creo que ha merecido la pena. Me llevo a la mochila un montón de sesiones, de nuevos amigos y de buenos momentos. Ahora tocan días de descanso, desconexión, familia, cariño y Navidad. En alguno de esos viajes leí en algún sitio esta historia:

Durante el primer trimestre del curso, la profesora Thompson perdió varias veces la paciencia con uno de sus alumnos: Teddy Stoddard. Desde el principio de curso se había dado cuenta que Teddy era muy descuidado en sus tareas, con su ropa, en el trato con los otros niños... 

Cuando cerca de la Navidad se dispuso a rellenar su boletín de calificaciones, por supuesto con un 0, leyó las anotaciones de los profesores precedentes. La profesora de primer grado había escrito: "Teddy es un niño brillante, hace su trabajo limpia y ordenadamente. Es un placer tenerlo como alumno". La de segundo grado había anotado: "Es un excelente estudiante, pero se le nota preocupado por la grave enfermedad que aqueja a su madre". En tercero la nota decía: "Su madre ha muerto, Ha sido muy duro para él. Su padre no muestra mucho interés y todo esto puede afectarle negativamente". En cuarto: "Teddy se encuentra retrasado respecto a sus compañeros y no muestra mucho interés por la escuela".

La profesora se entristeció, especialmente cuando al entregar las notas fue recibiendo algunos regalos de los alumnos. Teddy le había traído un viejo brazalete azul y un frasco de perfume medio gastado, cosa que ella agradeció, provocando la burla del resto de niños. Al despedirse antes de las fiestas Navideñas, Teddy le dijo: "Señorita Thompson, espero que use el perfume que le he regalado. Así olerá como mi mamá".

Desde ese día, la profesora, comenzó a educar de verdad a Teddy. No sólo a enseñarle matemáticas, a leer y a escribir, sino a educarle de verdad. Conforme empezó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir. Cuanto más le apoyaba, él respondía más rápido. Al acabar el curso escolar, Teddy se había convertido en uno de los niños más aplicados de la clase.

Cuando por fin se graduó en el colegio, con honores, la profesora Thompson recibió una carta de Teddy en la que le decía que era su profesora favorita y le agradecía todo su esfuerzo. 

Años más tarde, a principios de Diciembre, la profesora recibió otra carta en su casa. La firmaba un tal Theodore F. Stoddard, y le invitaba a pasar la Nochebuena en su casa. La profesora acudió puntual a la cita, con el viejo brazalete azul y el perfume que Teddy recordaba.

- Gracias señorita Thompson por creer en mí. Gracias por hacerme sentir importante y por mostrarme que yo puedo hacer la diferencia - dijo Teddy.

- No, Teddy, te equivocas. Tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la diferencia. No sabía cómo educar de verdad hasta que te conocí - contestó la profesora con lágrimas en los ojos.

¿Por qué no nos proponemos para esta Navidad y para todo el año 2015 ser capaces de sacar, de la gente que nos rodea, su mejor versión? ¿Y qué tal si empezamos eso por nosotros mismos?

Que el Niño Jesús que está a punto de llegar, nazca también en nuestros corazones para que el día de mañana sean muchos los que quieran compartir su Nochebuena con nosotros agradecidos de haberles despertado ese afán por cambiar; ese afán por ser mejores. 

¡¡FELIZ NAVIDAD!!

viernes, 12 de diciembre de 2014

Un corazón viejo

Siempre me han impresionado las enfermedades del corazón, quizá porque por herencia familiar tengo muchas papeletas para que algún día me dé un susto. Esta semana me enteraba del fallecimiento de un amigo de Sevilla. Pocos años mayor que yo y de sorpresa, un infarto se lo llevaba por delante. Era una buena persona. Siempre cerca de su familia, de sus amigos, siempre dispuesto a ayudar a todos... Y me acordé de esta historia que alguien me contó hace muchos años en un hospital mientras esperaba a ver a mi abuelo ingresado con una angina de pecho.

Un hombre joven llegó al centro de un pueblo gritando que poseía el corazón más hermoso de la comarca. La gente se concentró a su alrededor y observaban que su corazón era perfecto, sin manchas, heridas, ni rasguños. Todos coincidieron en que era el corazón más hermoso que jamás había visto.

Un anciano se acercó por allí y dijo:

- ¿Cómo puedes ser tan engreído? ¿Cómo puedes decir eso? Mi corazón es muchísimo más hermoso que el tuyo.

La multitud se giró y sorprendida miro al corazón del viejo. Latía con fuerza pero estaba cubierto de cicatrices, arañazos, trozos que faltaban, huecos...

- ¡Pero hombre! -habló uno de los ciudadanos- ¿cómo puede decir usted que su corazón es más bello si está lleno de heridas y dolor?

- Es cierto -dijo el anciano- Pero cada cicatriz representa una persona a la que entregué mi amor. Arranqué trozos de mi corazón para darlos a los demás. Algunos me han obsequiado con un trozo del suyo y me alegro de ello y por eso mi corazón tiene trozos de distintas texturas y tonalidades. Hubo veces en las que yo entregué un trozo de mi corazón, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio, y esos son los huecos que podéis ver.

Dar amor es arriesgar, porque nunca sabes si recibirás a cambio o no; si en tu corazón quedará un hueco o habrá un nuevo remiendo. Pero tanto huecos como remiendos nos recuerdan que seguimos amando, y eso alimenta la esperanza de que tal vez, algún día aquellos amores no del todo correspondidos regresen y llenen el vacío de nuestro corazón.

¿Por qué no miras este fin de semana cómo luce el tuyo?

viernes, 5 de diciembre de 2014

El discurso del Rey

EL DISCURSO DEL REY
Director: Tom Hooper
Intérpretes: Colin Firth, Helena Bonham, Geoffrey Rush
País: UK. Año: 2010.
Duración: 119 minutos


La película narra la verdadera historia de un terapeuta australiano que enseñó a Jorge VI a pronunciar la "K". Jorge, monarca inglés entre 1936 y 1952, vivió una vida llena de ironías: pasó casi oculto a la historia entre los grandiosos personajes de Churchill y de Isabel II; no podía referirse a sí mismo como King (al no pronunciar la k); se le aconsejó fumar para combatir la tartamudez y por ello murió prematuramente de cáncer de pulmón. Sin embargo fue capaz de superar todas las adversidades para aglutinar a toda su nación frente a la agresión nazi. 

Pasó de la mayor humillación y ridículo en su primer discurso ante el micrófono, en el estadio de Wembley a una impecable declaración de guerra contra Hitler a través de las ondas. El mal trago de su primer discurso fue un acicate para una urgente reacción. La humildad de aceptar que se necesita ayuda es la principal arma del cambio. 

Durante 10 meses tuvieron 82 sesiones, no en palacio, sino en el lúgubre gabinete de un logopeda poco convencional de origen australiano instalado en Londres. Y esa constancia y afán de superación es la segunda herramienta para alcanzar nuestros objetivos. 

El terapeuta hizo creer a Jorge VI que su problema era físico y que podía resolverse realizando ejercicios a veces estrambóticos. Para el discurso más importante de su vida idearon una estrategia especial: dictarlo de pié, con la ventana abierta para que corriera el aire y sin chaqueta. Cuando el Rey concluyó sus palabras sin ninguna traba, el terapeuta se dirigió a él como "Su majestad".

Una película que nos transmite la importancia de mantenernos siempre abiertos a la mejora, cuidando lo bueno que ya tenemos.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Seguid gritando

Esta semana he coincidido con un par de ponentes amigos. Hablando sobre nuestro trabajo, nos sorprendió que aunque abordamos temáticas diferentes, en todos los sitios hay una pregunta común: ¿qué va a pasar con nuestro país?. Parece que no terminamos de salir de la crisis, que los que deberían ayudarnos a ello "se han pasado veinte pueblos", que incumplir las promesas que les dieron votos es algo normal, y que todo esto se desmorona y vamos directos al abismo.

Una tribu caminaba, a través de un campo, hacia un precipicio cuya existencia ignoraba. La tribu, además de desconocer su existencia tampoco mostraba especial interés por conocer a dónde les llevaban sus pasos.

Avanzaban, y avanzaban. Deprisa y deprisa. Sin descanso. Los precipicios aparecen de pronto para el que no sabe dónde están, y aquella tribu, que caminaba atropelladamente sería engullida por la oscuridad del pozo. En primera y segunda fila avanzaban los hombres de la tribu blandiendo sus lanzas. En la retaguardia, las mujeres, los niños y los enseres.

En su deseo por salvarlos, un anciano que vivía en aquella zona y conocía el terreno, empezó a gritarles:

- ¡¡Que hay un abismo ahí delante!! ¡¡cuidado!!

Pero la tribu, sin hacerle caso, le insultaba y despreciaba:

- ¡¡Cállate viejo!! ¿Qué sabrás tú?

Pero el anciano seguía llamándoles:

- ¿No habéis olvidado comida para el camino?

- ¡¡Calla, hombre, calla!! ¡¡Y lárgate de aquí!!

Viendo que no le hacían caso, y que era complicado que se detuvieran o dieran la vuelta, empezó a correr hacia ellos, como si fuera un toro que fuera a embestirles. Eso hizo que la fila de la tribu fuera saliéndose un poco del camino.  El anciano embestía y embestía, y la tribu, asustada, se curvaba y se curvaba para evitar el impacto. Tanto se esmeró, que trazaron una curva tan pronunciada que les permitió evitar el precipicio y por tanto su perdición.

La gente no se percató de ello y pensaban que había estado caminando en línea recta, así que le decían:

- ¡Ves, viejo estúpido, no existía ningún precipicio y nos estabas asustando en vano!.

Y se reían despreocupados.

También el viejo, una vez cumplida su misión, se reía feliz.

Por eso no debemos dejar de protestar por las injusticias, atropellos y corruptelas que veamos a nuestro alrededor y que nos hagan daño a nosotros, a nuestra gente o nuestra tierra. ¡¡Hay que seguir gritando!!.