viernes 24 de febrero de 2012

Pídeme más


En un precioso palacete cerca de Derio, con impresionantes vistas sobre la pista de aterrizaje del aeropuerto de Loiu-Bilbao, esta semana, he podido disfrutar de una animada charla con Alfredo, un amigo, profesor de un colegio en San Sebastián.

Hablamos de muchas cosas pero entre otras de lo importante que es para los niños tener maestros que les exijan más y más por llegar a ser mejores. El reto de devolver la excelencia y el valor del esfuerzo a nuestros modelos educativos comienza a ser urgente.

Cuentan en un libro de viajes del siglo XIX que un viajero inglés tomó un barco para cruzar desde Ouanzhou, en la China continental hasta la isla de Taiwan. El barco carguero disponía, a ambos lados de la cubierta, de varias decenas de hileras de remeros que impulsaban la nave.

Una vez soltadas las amarras, un sujeto de aspecto occidental y vestido de uniforme se colocó en la popa, junto al timón y, marcando con un tambor el ritmo de remo, azotaba con un látigo a aquellos remeros que no ponían todo de su parte en la operación.

El inglés se escandalizó de que el dueño del barco llevara a latigazos a los remeros. Pero se escandalizó todavía más cuando se enteró que los dueños del barco eran los remeros, y que al capitán lo habían contratado entre todos para que vigilara que todos trabajaban dando el máximo.

Y es que tenemos que ser capaces de entender que en nuestro desarrollo como personas y profesionales, para que seamos quienes debemos ser, tenemos que exigirnos. Y esa exigencia es un problema nuestro, no de quienes nos forman (padres, profesores, jefes…). Es nuestra responsabilidad pedirles a quienes nos forman, que nos exijan más. Y más.

viernes 17 de febrero de 2012

Quema algunas naves


Otra semana cargada de aviones, y sesiones en Barcelona, Madrid, Burgos y Sevilla. En una de las conferencias de Madrid tuve la oportunidad de conocer de cerca la historia de esfuerzos, sacrificios, superación e ilusión del Colegio Edith Stein, en Orcasitas, y disfrutar de una estupenda comida con su equipo directivo.

Hablamos de muchas cosas, pero entre otras de la falta de compromiso de mucha gente, para con las decisiones más importantes de la vida.

En 1519, Hernán Cortés, tras conquistar Cuba, llegó con 600 hombres repartidos en 11 barcos al actual puerto de Veracruz (México), para desde ahí iniciar la conquista del Imperio Azteca. El ejército azteca estaba formado entonces por más de cinco millones de indios que eran conocidos por su astucia y crueldad. Así que temiendo que algunos de los soldados de su ejército, atemorizados, vieran la posibilidad de amotinarse y regresar a Cuba, Hernán decidió eliminar cualquier posible vía de escape. Mandó barrenar los barcos para que a partir de ese momento sus hombres recibieran un mensaje claro: la única opción era vencer o morir. No había vuelta atrás. Gracias a los relatos de Juan Suárez Peralta a nosotros nos ha llegado la leyenda de que Cortés mando "quemar las naves", aunque estas simplemente fueran perforadas para que se hundieran en el fondo del puerto.

En la vida de una persona hay una serie de decisiones que deben tener un carácter definitivo: los valores y principios con los que uno arma su conciencia, los proyectos de largo recorrido por los que apuesta, la persona a la que entrega su corazón... Son decisiones que no podemos estar revisando cada vez que nos surge una pequeña dificultad, porque son opciones que requieren una lealtad continuada. Cuando tomamos decisiones sobre las que no queremos dar vuelta atrás demostramos nuestra entrega y apuesta totales. Dejar la puerta abierta a volverse atrás impide muchas veces que pongamos en marcha todos los resortes que hay en nuestro interior para llevar a buen término esos difíciles compromisos.

Esa lealtad con las decisiones no implica necesariamente irreflexión. Es sabio saber rectificar una decisión mal tomada. Pero no es bueno no terminar de decidirse, huir por miedo de los compromisos, avanzar por un camino errático... Surgirán contratiempos inesperados, como ocurre en cualquier camino, pero aunque nos flaqueen las fuerzas no debemos abandonar nuestro empeño sin esforzarnos lo suficiente y un poco más.

Por eso, quemar las naves , como hizo Hernán Cortés, puede ser una muestra de inteligencia que de un sentido superior a nuestra vida.

viernes 10 de febrero de 2012

Perdimos la llave


Varias sesiones en Pamplona, Sevilla y Madrid han coronado esta gélida semana en lo meteorológico que da paso a la próxima que también se anuncia heladora. Pero dentro del hielo que nos rodeará, el martes celebraremos el día de San Valentín que pondrá un poco de calor pasional bajo ese sol apagado que nos acompaña.

Cuenta una historia que cuando Dios condenó a Adan y Eva arrojándoles del paraíso les entregó una llave a cada uno para que pudieran entrar en el corazón del otro y amarse plenamente fuera del Edén.

Pero ellos, preocupados por saber qué nuevo lugar ocuparían en el mundo nuevo que se les abría ante los ojos, perdieron las llaves que les permitían alcanzar el amor puro y único, y con ellos las hicieron perder a toda la humanidad.

El precio de ese error se paga hoy en día con la incomprensión, la tristeza y la insatisfacción que lleva a provocar que muchos busquen incesantemente un amor tras otro. Así los humanos prestamos más atención a oír los llamados externos del corazón que a trabajar con voluntad y empeño en anidar en el corazón del que tenemos a nuestro lado. El amor es emoción, sin duda, y pasión. Pero también trabajo, esfuerzo, entrega y voluntad, mucha voluntad..

Parece que parte de la condena por aquel primer pecado, es la posibilidad de reconocer que el amor de nuestras vidas fue ese, casi después de haberlo perdido definitivamente.

¿Qué vas a hacer, desde hoy, para encontrar la llave perdida que te permita vivir para siempre en el interior del corazón que amas?

viernes 3 de febrero de 2012

Películas, buenos consejos y como encontré trabajo


Con 5 millones de parados parece que un libro que hable sobre como encontrar trabajo va a tener garantizado su éxito. Y posiblemente sea así, pero "Películas, buenos consejos y cómo encontré trabajo" es mucho más que un libro para esa finalidad.

Empieza sorprendiendo su formato rectangular, con dibujos de muñequitos, con espacios para tomar notas, con distintas tipografías. Sigue sorprendiéndonos la cantidad de citas, tuits, eslóganes... que aparecen por todos los rincones del texto y termina sorprendiéndonos la fuerza del contenido.

Muchos de los consejos e ideas claves que se ofrecen son de sentido común y por todos conocidos, pero lo diferencial aquí es el tono en el que se exponen: motivante, optimista, práctico, positivo. Que nos incita al cambio, que nos insiste en que las oportunidades hay que "currárselas", que ellas difícilmente vendrán a nosotros si nosotros no salimos en su busca. Toda una semblanza del esfuerzo y el trabajo personal.

Un libro ligero, de rápida lectura, que nos lleva por el recorrido lógico que debe seguir cualquier persona que se encuentre en una situación de desempleo o de querer buscar nuevas oportunidades profesionales: Aprender, conocerse, buscar nuevas oportunidades, actuar, tomar la iniciativa... Y mientras pasa todo eso, disfrutar, disfrutar y mejorar.

Las reglas del juego han cambiado y este libro nos enseñará a jugar esta nueva partida.

viernes 27 de enero de 2012

Un burro volando!



Mañana sábado 28 estaré en Oporto impartiendo una sesión para la Associaçao de Proffisionais da Saúde Espanhóis em Portugal. Celebraremos "donde muere el Duero" la festividad de Santo Tomás de Aquino.

El martes, en Valencia, después de la sesión en la presentación a clientes de la ampliación del Palacio de Congresos comentamos con un par de asistentes algunos aspectos sobre las técnicas de hablar en público, especialmente lo que tenía que ver con cómo interpretar los gestos y reacciones que tiene la audiencia ante nuestras palabras. Muchas veces encuentras caras amables y sonrientes, miradas limpias en las que pararte, pero otras veces encuentras caras duras y miradas desafiantes. Me preguntaban qué pensar de ellos.

Cuando Tomás de Aquino llegó como novicio a su primer convento sorprendió a todos por lo poco hablador y súmamente estudioso que era. Eso, unido a su físico regordete y bajito hizo que algunos de sus compañeros de promoción en el noviciado se burlaran de él considerándolo muy inocente.

Un día quisieron gastarle una broma y desde el centro del patio al que daba su celda donde se encontraba trabajando le gritaron: "¡Tomás!, ¡Tomás!, mira, mira, un burro volando".

Tomás dejó su estudio, se levantó de la mesa, se asomó a la ventana y miró al cielo en la misma dirección en la que sus hermanos señalaban. Cuando estos lo vieron rompieron a reír a carcajada limpia burlándose de él.

"¡¡Pero como puedes ser tan inocente hombre de Dios!!"

A lo que Tomás les respondió:

“Entre que un burro vuele y que un dominico se burle así de otro dominico, me parece más imposible lo segundo que lo primero”.

Sus compañeros agacharon la cabeza, se disculparon y se escabulleron cada uno a su labor, sin volver a reírse nunca más del santo Aquinate.

Y es que no debemos juzgar a las personas antes de tiempo ya que si lo hacemos, es muy posible que seamos injustos. Si hacemos de la caridad el valor supremo de nuestra vida aprenderemos a no prejuzgar, a no etiquetar a nadie antes de conocerlo de verdad. Siempre es mejor equivocarse alguna vez por haber pensado bien, que pensando mal acertar… Dice el Evangelio que con la misma medida que midáis, se os medirá.

viernes 20 de enero de 2012

Las piedras del camino


El siempre llevó la camiseta de la compañía para la que trabajaba. Le dedicó 10 años de su vida profesional en cuerpo y alma. Para muchos de nosotros él era uno de los iconos de aquella organización. Jovial, despierto, inquieto y con ganas. Muchas ganas. Y con excelentes resultados. Excelentes. Sin embargo, hace pocas semanas la compañía decidía amortizar su puesto. Todas aquellas horas entregadas ahora se esfumaban con un "las cosas son así". Gracias a Dios, él ya ha superado el golpe. Su familia y sus amigos le han arropado lo suficiente y no me cabe duda que pronto estará liderando un nuevo proyecto profesional que llenará de éxitos. Seguro. Sin embargo, estas semanas de "travesía del desierto" hasta aceptar la situación le han resultado terriblemente duras. Y es que es complejo entender por qué ocurren estas cosas.

Hace muchos años un rey colocó una roca obstaculizando un camino y se sentó escondido entre los arbustos a ver si alguien la quitaba. Algunos de los ciudadanos más ricos del reino pasaron por allí y simplemente rodearon la roca. Otros culparon a gritos al rey y a sus gobernantes por no mantener los caminos despejados, pero ninguno hizo nada para sacar la piedra del camino.

Pasó por allí un agricultor empujando una carretilla llena de frutas y verduras recién recogidas en su pequeño huerto. Al llegar a la piedra se detuvo. Dejó la carretilla en el suelo y se dispuso a empujar la gran roca a la orilla del camino. Empujó y empujó hasta que fatigado y sudoroso dejó caer la piedra por el terraplén. Al volver a coger su carretilla le pareció ver algo enterrado donde antes había estado la piedra. Parecía una bolsa. Escarbó con las manos y allí asomando había una bolsa de tela llena de monedas de oro y una nota que decía: "Este oro es para la persona que remueva la piedra del camino. Firmado, el Rey"

Y es que cuando la vida nos pone en el camino, una roca, una dificultad, una contrariedad... muchas veces dedicamos nuestro tiempo a maldecir nuestra suerte, y a quejarnos y lamentarnos inútilmente por nuestro destino.

Sin embargo debemos ser como el agricultor que comprendió que cada obstáculo del camino puede ser una oportunidad para mejorar cada uno por dentro. Nuestro destino en la vida es luchar y luchar hasta el final tratando de ser mejores de cara a los demás en cada curva del camino. Y así, algún día recibiremos el premio a nuestro tesón y esperanza.

viernes 13 de enero de 2012

Mata a tu colombre


El mismo lunes 9 de Enero empecé mi tournee de sesiones de este 2012. A la salida de la sesión de la tarde, impartida a un nutrido grupo de jóvenes que cursan un Master en Dirección de Personas se me acercaron un par de ellos para reflexionar en voz alta sobre su carrera profesional y su futuro.

Cuentan que un muchacho italiano, pidió como regalo por su cumpleaños a su padre, patrón de un precioso velero, que lo llevara consigo a bordo. “Cuando sea mayor quiero navegar por los mares como tú, papá. Y mandaré barcos más grandes y más bonitos que el tuyo”.

El padre accedió a la propuesta y en un espléndido día se hicieron a la mar. Mientras disfrutaban de la conversación y ya lejos de la costa, el chico se sentó con las piernas colgando por la popa. Desde allí divisó una cosa que salía intermitentemente a la superficie donde la estela que generaba el barco se difuminaba con el mar.

El velero avanzaba a buen ritmo pero aquella cosa mantenía siempre la misma distancia. Y, aunque no sabía lo que era, algo tenía que le atraía intensamente. “Papá, ven a ver esto”. El padre fijó el timón y se dirigió hasta la popa pero no alcanzó a ver nada. Cogió sus prismáticos y exploró la superficie del mar hasta que asustado, dejó caer sus binoculares y palideció de terror.

- ¿Qué pasa papá?, ¿qué es eso? ¿por qué pones esa cara?

- ¡Ojala no te hubiera escuchado!. Ahora temo por ti. Eso que has visto asomar de las aguas y que nos sigue es un colombre. El pez que todos los marineros temen en todos los mares del mundo. Escoge a su víctima y una vez que lo ha hecho, la sigue años y años, la vida entera si es necesario, hasta que consigue devorarla. Pero lo más curioso es que nadie puede verlo si no es la propia víctima. Desgraciadamente el colombre te ha elegido y mientras andes por el mar no te dará tregua. Vamos a volver ahora mismo a tierra, tú desembarcarás y nunca más te separarás de la orilla por ningún motivo. Tienes que prometérmelo. El trabajo del mar no es para ti, hijo mío. Tienes que resignarte. Seguro que en tierra también podrás hacer fortuna.

El hijo guardo esas palabras de su padre bien grabadas en su memoria. Y en pro de la seguridad renunció a una vida marina, a una vida de amplios horizontes, de peligros, de grandes emociones, a una vida valiosa, audaz y llena de grandeza. Decidió labrar su futuro alejado del mar, aunque cada noche oteando el horizonte desde la orilla descubría la sombra tenebrosa del colombre.

Consiguió crear un formidable negocio y todos le consideraban un hombre de éxito, un triunfador. Sólo él sabía que su vida había sido un fracaso porque renunció a la vida que le habría hecho feliz. Cuando ya, viejo y cansado, sintió cerca la muerte, decidió enfrentarse a aquel gran peligro que había obstaculizado su vida. Decidió hacer por fin algo valioso, encararse con aquel terrible animal. Una noche, armado con un arpón se adentró solo en el mar a bordo de un pequeño bote de remos. Al poco tiempo, el hocico del animal asomó de las aguas, al lado de la barca.

- Aquí me tienes por fin. Ahora es cosa de nosotros dos.

Y reuniendo todas sus fuerzas, levantó el arpón para lanzarlo. Entonces el pez se quejó con voz suplicante:

- ¡Qué largo el camino hasta encontrarte!. Estoy destrozado por la fatiga. ¡Cuánto me has hecho nadar!. Tú huías y huías, porque nunca has comprendido nada. Yo no te he seguido por todo el mundo para devorarte como tú pensabas. El único encargo que me dio el rey del mar fue entregarte esto.

Y el gran pez sacó la lengua, sobre la que brillaba una enorme perla. El anciano la cogió entre las manos y la miró. Era la famosa Perla del Mar, que procura a quien la posee fortuna, poder, amor y paz de espíritu.

- ¡Ay de mí!. ¡Qué horrible malentendido! ¿Cómo ha podido ocurrir? He conseguido desperdiciar mi existencia; y he arruinado también la tuya.

Y es que vivimos sobrecogidos por nuestra pequeñez, atemorizados por casi todo, buscando afanosamente la seguridad. Aceptamos como cierta cualquier noticia que nos permita pensar en no continuar esforzándonos por nuestros objetivos, que justifique no salir de nuestra zona de confort.

Hemos renunciado a la audacia de vivir nuestra propia vida cambiando libertad por seguridad y en tanto en cuanto nuestras necesidades inmediatas quedan cubiertas nuestro horizonte personal se empequeñece: sin ideales, sin compromisos, sin proyectos estables, sin retos motivantes. Pretendemos gozar de los beneficios de la libertad sin sufrir ninguno de sus inconvenientes. Queremos tener derecho a todo sin renunciar a nada. Esperamos todo sin trabajar nada.

Todo proyecto implica una componente de riesgo. Precisamente porque el futuro es futuro, no está escrito. Y en nuestras manos está el cuaderno y la pluma para escribirlo. Si observamos todas las decisiones importantes de nuestra vida (la elección de nuestra carrera, de nuestra pareja, de nuestra vida profesional…) todas se revisten de luz y oscuridad. Y debemos apostar por la primera. Sin duda. Dice Julián Marías que “todas las cosas verdaderamente importantes de la vida del hombre se advierten con la suficiente luz para ver y la suficiente oscuridad para dudar; lo suficiente para no estar seguros, pero también lo suficiente para confiar”. Estas circunstancias son las que hacen de vivir algo grande.

¿No habremos cambiado seguridad por felicidad?, ¿una vida cómoda por una vida lograda?. ¿No estaremos renunciando al regalo del gran señor del mar, a la perla preciosa, cuando nos refugiamos en la comodidad de lo conocido y del día a día?. En este principio de año os animo a dejar de ser prisioneros de nuestro pasado y a convertirnos en arquitectos de nuestro futuro. Pero desde ahora. Desde este punto. No mañana. No. La labor es urgente. Y hay que empezarla antes de cerrar la página. Como decía Ovidio “apresúrate, no te fíes de las horas venideras. El que hoy no está dispuesto, menos lo estará mañana”.