viernes, 24 de abril de 2015

Una madre lo es todo

El próximo fin de semana es el día de la madre. Como dice el vídeo, una madre lo es todo, todos los días. Así que no olvidemos decirles: "Gracias mamá, te quiero".

viernes, 17 de abril de 2015

Tú no eres él

Esta semana he estado trabajando en distintas compañías con distintos grupos (gente de ventas, médicos, directivos...) tratando de ayudarles a cohesionar un poco más sus equipos. Anoche en Marbella, cenando junto al mar, con uno de esos grupos estuvimos charlando sobre la importancia de formar a la gente -desde la escuela- en la empatía.

Ya Aristóteles decía que el ser humano es un ser político, es decir, social, porque siente la necesidad natural de rodearse de semejantes para realizarse mejor como persona. La empatía es esa capacidad de percibir lo que el otro individuo puede sentir. Y ejercitarla nos va a ayudar muchísimo en nuestras relaciones porque nos permitirá participar afectivamente de las realidades que a otros les afectan.

Cada uno de nosotros somos individuales, únicos, y aunque es bueno que nos pongamos en la piel de los demás, no podemos caer en el error de pensar que todos sentimos lo mismo, que todos somos iguales. Yo puedo empatizar con el sufrimiento de alguien, pero no tengo por qué sufrir con él. Son cosas distintas. No puedo pedirle que no sufra, como no-sufro yo. Tampoco él puede pedirme que yo sufra. Pero sí que entienda su sufrimiento.

Cuentan que San Benito, patrón de Europa y fundador de la vida monástica en occidente, viajaba a caballo por el centro de Italia cuando se detuvo para hablar con un campesino que, fatigado, caminaba penosamente.

- Eres afortunado al tener un caballo. Si yo hubiera dedicado mi vida a la oración, seguro que ahora no tendría que viajar a pie- le dijo con envidia el campesino.

- ¿Crees tú que podrías ser un hombre de oración?

- ¡Faltaría más! ¡¡Eso es sencillísimo!!

- Hagamos una apuesta - replicó el Santo- si eres capaz de recitar un Padrenuestro sin ninguna interrupción, te daré mi caballo.

- Facilísimo. Allá voy.

El campesino cruzó sus manos, cerró los ojos, inclinó la cabeza y comenzó a recitar la oración:

- Padre Nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre, venga a nosotros...

Se detuvo, alzó la mirada y preguntó al monje:

-... y el caballo... ¿me lo dará con silla o sin silla?

Inmediatamente se dio cuenta que había perdido la apuesta. Pero ya era tarde.

Y es que muchas veces nos comparamos con los demás y pensamos que en su situación nosotros obraríamos mejor, sin tener en cuenta todos los condicionantes que nos individualizan. No podemos exigir a los demás que actúen como lo haríamos nosotros, porque somos distintos. En algún sitio leí alguna vez: "Antes de transmitir nuestra enseñanza a otro, debemos ir hacia él, entrar en su imaginación y en los dilemas a los que se enfrenta".

viernes, 10 de abril de 2015

¿... y te lo estás perdiendo?

Esta Semana Santa, como llevo haciendo desde hace unos cuantos años, he vuelto a pasarla en Sevilla con toda la familia -mis padres incluidos- al completo. El Viernes Santo a las 6 de la mañana estábamos en la esquina de Cardenal Espínola con la Plaza de San Lorenzo esperando a ver recogerse a Jesús del Gran Poder, "el Señor de Sevilla".

Ver al Gran Poder en la calle, y en ese momento, es algo impresionante. No sólo por la extraordinaria talla de Juan de Mesa, sino por un montón de cosas más que rodean ese instante: la imagen en sí misma, que parece que cobra vida con el paso que llevan los costaleros; la luz de la candelería que acompaña al paso; el color de las paredes de las casas de esa calle; el trinar de los pájaros que anidan en los plataneros de la Plaza; el incienso que nubla el espacio y que llena de aromas especiales el momento; la sombra que proyecta el Nazareno en las fachadas de los edificios...

Hace tiempo, mi amiga MariCarmen me contó que un hombre se sentó a tocar el violín en una estación del Metro de Washington. Durante 45 minutos interpretó seis obras de Bach. En ese tiempo aproximadamente mil personas pasaron por la estación. Sólo siete se detuvieron a escucharle (2 de ellas eran niños) y veinte personas le dieron algunas monedas, pero sin interrumpir su camino. En total el violinista recaudó 32 dólares. Cuando terminó de tocar se hizo el silencio. No hubo aplausos ni reconocimientos.

Nadie lo sabía pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando obras de uno de los mejores compositores del mundo, con un violín fabricado por uno de los mejores lauderos del mundo. Dos días antes de la actuación en el Metro, Bell había llenado un teatro en Boston con entradas a más de 100 dólares.

En un ambiente banal, a una hora inconveniente ¿no somos capaces de percibir y apreciar la belleza?; ¿no somos capaces de reconocer el talento en un contexto inesperado? Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar al mejor músico del mundo interpretar la mejor música del mundo, si sólo al paso del Gran Poder somos capaces de prestar atención a todas las cosas bellas que rodean ese instante ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?

viernes, 27 de marzo de 2015

Otra de aviones

Nunca he tenido miedo a volar. Tomando cerca de 150 aviones al año sería un sufrimiento imposible de soportar. Aunque reconozco que el martes volando de Tenerife a Málaga pocas horas después del accidente del 4U9525 en los Alpes, me sentí extraño. Saber, después, que el copiloto fue el que decidió estrellar el avión contra las montañas, me puso los pelos de punta.

Conozco a unos cuantos pilotos de líneas aéreas. A alguno le he llamado esta semana para hablar del tema. Uno de ellos me contó que en los cursos de formación de pilotos se suele contar la historia de Malburn McBroom.

En Diciembre de 1978, McBroom pilotaba un DC8 de United Airlines desde Denver, CO hasta Portland, OR. En la maniobra de aproximación se dio cuenta que tenía problemas con el tren de aterrizaje. Pidió permiso a la torre para dar vueltas en torno a un punto de espera y ver si era capaz de solucionar el problema.

McBroom era conocido en la compañía por sus terribles ataques de ira, así que ni el copiloto ni el resto de la tripulación se atrevieron a sugerir ninguna alternativa. Giró y giró sobre el punto de espera hasta que agotó todo el combustible y tuvo que terminar realizando un penoso aterrizaje de emergencia en el que murieron 10 personas.

Por cosas como esta, o como la de Andreas Lubitz de Germanwings, la preparación y selección de los pilotos no sólo atiende a su competencia técnica, sino que presta atención especial a sus competencias de escucha, de autocrítica, de colaboración, de comunicación, de trabajo en equipo...

Y es que, y no sólo en la aviación, el prototipo del jefe agresivo y belicoso está poco a poco dejando paso a otro perfil mucho más moderado e inteligente, experto en relaciones interpersonales. Si no somos capaces de controlar nuestro carácter, caeremos constantemente en antipatías a nuestro alrededor y careceremos de la empatía suficiente como para captar lo que la gente que nos rodea necesita, y eso mermará indudablemente nuestra valía no sólo profesional sino también personal.

En nuestra vida nos encontramos muchas veces con personas atemorizadas, jefes tiranos, deficiencias emocionales... que pueden tener múltiples consecuencias, evidentemente no tan trágicas como la del avión, pero si destructivas para la vida de un equipo, de una empresa, de una pareja, de una familia...

viernes, 20 de marzo de 2015

La fábrica de guitarras

La semana pasada tuve un par de sesiones en Granada. Me quedé a dormir en Carmen del Cobertizo, un magnífico hotel, de mi amiga Lorena, ubicado en pleno corazón del Albayzín. Cuando, de noche, volvía hacia el hotel, al comienzo de la Carrera del Darro se puso a mi lado un joven que cantaba y tocaba la guitarra a cambio de algunas monedas:

- Dame algo, anda, para hacerme una guitarra nueva.

La verdad es que la guitarra sonaba horrible. O estaba rota, o desafinada o todo a la vez. Me cayó simpático el músico. Le di una moneda que tenía en el bolsillo y le dije:

- No tardes en comprar la nueva. Con ese trasto poco dinero te darán.

- Yo me cagüen en las fábricas de guitarras -contestó-. A mí me gusta fabricármelas yo. Las fábricas fabrican lo que quieren. Yo fabrico lo que quiero yo.

Estaba claro que el joven andaba algo perdido. No sabía construir guitarras, pero prefería una chapuza a aceptar lo que alguien habría hecho bien, aunque no fuera propio.

Muchas veces tomamos decisiones que nos destrozan la vida. Decidimos salirnos del camino trazado ¡Y luego echamos la culpa a otros de nuestro penar!. Construir nuestra guitarra sin saber hacerlo no tiene sentido. Nuestro camino es como la guitarra de una tienda. Sólo hay que seguirlo. Sólo hay que llevársela. Ya está hecha. Nos hará feliz tocándola. Y además, suena mejor.

Pero si decides salirte, al menos, no culpes a los demás.

viernes, 13 de marzo de 2015

¿Estás en un iceberg?

Toda la semana fuera de casa con un montón de conferencias en Cataluña, Granada y Murcia. Aprovecho para cenar con un buen amigo y a los postres reflexionamos despacio sobre la felicidad y las bases que hay en nosotros para sustentar el que podamos alcanzarla.

En mi vuelo a Granada el avión ha sobrevolado Sierra Nevada antes de lanzarse hacia la pista del aeródromo de Chauchina. La Sierra estaba majestuosa, pintada de blanco. Me ha llamado la atención un gran nevero aislado que quedaba en una de las montañas. Daba la sensación, desde la altura, que en cualquier momento podría desprenderse ladera abajo. Y me he acordado al hilo de nuestra cena, de esta historia:

Por un paisaje helado se desliza un trineo a toda velocidad. Su único ocupante y su decena de perros viajan hacia el Polo Norte. Su rostro denota el frío y el ansia por alcanzar el objetivo. No permite a sus perros ni un descanso ni un respiro. Nada le distrae. Todo es querer llegar a la meta. En ello centra todas sus energías y sus esperanzas. Es el sentido final de su viaje.

De vez en cuando, el viajero se incorpora un poco en el trineo para con la brújula comprobar que la dirección es la correcta. De pronto algo le sorprende. Los instrumentos le indican que la ruta es la adecuada, pero también que cada vez la distancia al Polo Norte es mayor. Mira una y otra vez la brújula, los relojes y el GPS y no hay duda, algo está pasando. Castiga con fuerza a sus perros para que empujen con más velocidad en medio de la ventisca, pero todo sigue igual. El rumbo es el adecuado, pero la distancia hacia el Polo sigue aumentando. Se desespera.

¿Qué le ocurre?. Si tomáramos distancia, veríamos que el paisaje en el que se está moviendo es efectivamente polar, pero se trata sólo de un inmenso iceberg, arrancado del casquete polar, que se desplaza vertiginosamente hacia el sur, a más velocidad que el trineo de nuestro viajero.

La meta y los ideales eran nobles, su esfuerzo admirable, pero la base sobre la que sustentaba su búsqueda de la felicidad era errónea y le conducía fatalmente al fracaso. Y es que si nos empeñamos en buscar la felicidad en nuestro interior, no la hallaremos jamás. Correremos y correremos sin alcanzar nuestra meta. Cuando aprendamos que la felicidad está en darnos a los demás, en entregarnos a otros, en hacer que los que nos rodean saquen su mejor versión, entonces nuestro trineo llegará rápido a su destino.

viernes, 6 de marzo de 2015

Cuando el mundo gira enamorado

Cuando el mundo gira enamorado: Semblanza de Viktor Frankl. Rafael de los Ríos. Rialp. 2002.

Viktor Frankl fue uno de los más importantes psiquiatras del siglo XX. Por su origen judío, fue deportado durante el III Reich al campo de concentración de Auschwitz (entre otros). Allí, en el peor ambiente que uno pueda imaginar, dio idea a su teoría psicológica de fama mundial: la logoterapia, que él mismo se aplicó para poder sobrevivir y que luego aplicó a otros para salvarles del suicidio, la desesperanza y el sufrimiento.

Su pensamiento, que se recoge en su libro "El hombre en busca de sentido" ha ayudado a muchos a centrar sus vidas: todos necesitamos un sentido último por el que vivir, que perdura incluso en las circunstancias -como las suyas- más adversas.

En este libro, se nos presentan de forma amena y novelada los principales elementos del pensamiento de Frankl. Destacan especialmente un puñado de páginas en las que se narra el discurso que Viktor pronunció a modo de conferencia, en el campo de Auschwitz, a sus compañeros de barracón en el que establece los valores que dan sentido a la vida. Distingue los valores creativos, los vivenciales y los de actitud.

Nuestra sociedad, rica y acomodada, acostumbra a caer con frecuencia en la desesperación al no esperar mucho más de la vida. Estas páginas nos ayudarán a descubrir lo que aún podemos dar de más y con ello contribuir a construir un mundo mejor. En definitiva, nos ayudaran a descubrir cuál es el sentido último de nuestra propia vida.