viernes, 4 de julio de 2014

¡Feliz Verano!

Muchos de vosotros ya tendréis la maleta hecha. Otros ya habréis clavado la sombrilla en la arena. A mí todavía me quedan dos semanas de trabajo (Zaragoza, Sevilla, Barcelona, Murcia, Madrid, Valencia, Logroño y Alicante) antes de disfrutar de las vacaciones; pero estos encuentros semanales se despiden hasta el mes de septiembre. Decía el argentino César Luis Menotti que "el fútbol se compone de cuatro momentos que hay que respetar: entrenamiento, ensayo, partido... y descanso".

Me contaban esta semana en México que un hombre caminaba por una carretera con un enorme saco con rocas del río para arreglar su casa situada a varios kilómetros de distancia. Un camión que pasaba por allí le adelantó, y le ofreció llevarle subido en la caja abierta del vehículo. El hombre subió y recorrió los kilómetros que quedaban hasta su casa en el camión, pero con su saco a cuestas.

Muchas veces en verano nos ocurre algo así. Llegamos a las vacaciones con un montón de cargas, dolores, penas y rencores. Tenemos la oportunidad de dejar a un lado todos ellos e incluso encontrar gentes cercanas que nos quieren y que nos brindan su ayuda, pero seguimos cargando con todo. Sin ser capaces de dejarlo a un lado.

Confía en esa gente que te tiende la mano, deja por unos días de cargar con todos esos pesados bultos y déjate ayudar. Te sentirás mejor, descansarás y recobrarás las energías necesarias para volver en Septiembre con toda la fuerza del mundo.

¡¡Feliz verano!!

viernes, 27 de junio de 2014

Un helado de chocolate con propina

Me llevo a la "mochila" de esta semana una estupenda conversación, delante de una espectacular paella valenciana, con Ginés Marco, el decano de Filosofía y de Derecho de la Universidad Católica de Valencia. Profundidad y confianza para hablar de muchas cosas. 

Tras la comida viajé a Madrid en el AVE. Al poco de salir de la estación Joaquín Sorolla, un pasajero visiblemente enfadado insultó a gritos repetidas veces al revisor, por algún problema que había tenido con su billete. Al final, el pasajero tuvo que cambiarse de vagón y el revisor se acercó a los pocos pasajeros que allí estábamos a pedirnos disculpas por el incidente. Me sorprendió la paciencia y el autocontrol del empleado del tren que en ningún momento perdió la compostura. 

Un niño de 12 años entró en una heladería y se sentó en una mesa. La camarera se acercó para atenderle:

- ¿Cuánto cuesta un cucurucho de helado de chocolate con topping de almendras?

- 1,5 euros 

El niño sacó de su bolsillo un montón de monedas y empezó a contarlas. 

- ¿Y un helado de chocolate sólo, sin almendras?

- 1,35 euros

El niño volvió a contar sus monedas y la camarera empezó a impacientarse ya que tenía otras mesas que atender. 

- ¿Y si en vez de cucurucho es en tarrina?

La camarera, visiblemente molesta le espetó:

- Entonces 1,25 euros, ¡pero decídete ya que tengo más mesas que atender!

El niño volvió a contar sus monedas y al final dijo:

- Pues quiero el helado solo en tarrina. 

La camarera le trajo la tarrina de helado de chocolate y el tícket con el importe. El niño disfrutó del helado, pasó por caja para pagar y salió del local. Cuando la camarera volvió a la mesa para recoger la copa no se creía lo que veía. Allí, ordenados había 25 céntimos de su propina. 

Y es que, ¿cuántas veces juzgamos a alguien precipitadamente y luego nos arrepentimos de ello? ¿Y cuantas veces ya no tenemos la oportunidad de resarcir ese mal pensamiento? ¿Cuántos conflictos y cuántos enfados se podrían evitar si pensáramos que todo el mundo tiene un motivo por el que estar así?. Ya lo dice la Biblia: "No juzguéis y no seréis juzgados". 

viernes, 20 de junio de 2014

Persigue tu sueño

Las últimas semanas del curso siempre van cargadas de trabajo. Junio y Diciembre son temporada alta en este negocio y uno se deja la vida en -como decía Carlos Goñi- estaciones, aeropuertos y demás sitios de viaje. Estos últimos cinco días he pasado por Pamplona, Lleida, Barcelona, Palma de Mallorca, Bilbao y Alicante.

En Palma de Mallorca tuve el gusto de compartir escenario en el II Afterwork de la APD con María Belón y con Christian Gálvez. Y tras el evento, pude disfrutar de una agradable cena con Christian y unos pocos amigos mallorquines. Una de las preguntas que siempre sale en este tipo de encuentros es cómo llega uno a ser conferenciante. Y la respuesta siempre es la misma: pues como llega uno a ser lo que se proponga: luchando.

Demóstenes soñaba de joven con ser un gran orador. Había nacido en el seno de una familia muy humilde que no pudo pagarle la formación con algún maestro, y además era tartamudo. Sin embargo tenía claro que con constancia y tenacidad todo se puede conseguir. Solía acudir, al salir de su trabajo, a escuchar a los oradores y filósofos más importantes de la época. Incluso escuchó al mismo Platón exponer sus teorías.

Cuando él pensó que ya había aprendido lo suficiente preparó su primer discurso y fue un auténtico desastre: "¿¿Por qué repite diez veces la misma palabra??" le gritó uno. "¡¡Hable más alto!!" exclamó otro... Las burlas acentuaban el nerviosismo de Demóstenes que acabó retirándose entre abucheos sin haber siquiera terminado su discurso.

Cualquier persona en aquel momento hubiera arrojado la toalla. Muchos le aconsejaron que desistiera, pero Demóstenes tomaba todo esto como un desafío. Quería ganar. Quería conseguirlo. Sabía que los premios de la vida son para los que tienen paciencia, persistencia y siguen luchando sin rendirse.

Se afeitó la cabeza para no salir a la calle y así dedicar todo el día, desde el amanecer a practicar. Al anochecer corría por las playas gritándole al cielo con todas sus fuerzas para ejercitar sus pulmones; se llenaba la boca de piedras y se ponía un cuchillo afilado entre los dientes para hablar sin tartamudear. Ensayaba frente a un espejo su postura y sus gestos.

Tras años de ensayo y duro trabajo, un día reapareció en público ante la Asamblea, para defender, con brillante éxito, a un fabricante de lámparas a quien sus hijos le querían arrebatar su patrimonio. Su seguridad, su elocuencia y sabiduría fue ovacionada por el público como nunca antes se había aplaudido a un orador. Su éxito fue tan abrumador que pronto fue elegido embajador de la ciudad.

Y es que la persistencia y la lucha convierten las piedras del camino en rocas sobre las que levantar nuestros sueños. No dejes de luchar, aunque te canses, aunque te entre la tentación de abandonar, no dejes de intentarlo. Sigue preparándote, sigue ensayando. Lo que sueñes, seguro que lo consigues. ¡¡Animo!!

viernes, 13 de junio de 2014

Deja huella

La semana pasada estuve en Zaragoza en el funeral de una buenísima persona cuya vida se había apagado con 91 años. La Iglesia en la que se celebró, posiblemente la más grande de la ciudad, estaba a rebosar. Políticos, empresarios, autoridades, amigos, colegas y familiares le dieron el último adiós.

Compartí con él, hace tiempo algunas conversaciones. Recuerdo una en la que, ya mayor, me dijo:

"He descubierto que en la vida hay cuatro clases de personas: unos a los que nunca notamos, por más que los tengamos casi siempre delante; otros, aquellos con los que compartimos muchas horas de nuestra vida, pero no dejan ningún tipo de huella en nosotros; otros, aquellos que nos quieren y nos conocen desde pequeños y por último, aquellos con los que compartimos unos pocos minutos pero que nos marcan para siempre".

Sin duda, él fue de estos últimos.

Y es que unas pocas palabras pueden dar a los demás la vida o la muerte. Una palabra de aliento compartida con quien está desanimado puede ayudarle a levantar el día, y una palabra destructiva a alguien que está desanimado puede ser que le acabe por destruir. 

¿Por qué no nos proponemos dejar una profunda huella en el ánimo de todos los que se crucen con nosotros este fin de semana? Tratemos de conocer los sentimientos de los que nos rodean, y disponer nuestra actitud para sintonizar en positivo con ellos. Seguro que todos somos un poco más felices. Ellos por nuestra ayuda, y nosotros, por ayudar.

viernes, 6 de junio de 2014

La fuerza de un sueño

La fuerza de un sueño. Teresa Perales. Conecta. 2014

Una historia contada en primera persona sobre el afán de superación, la posibilidad de visualizar el éxito, el control de las emociones y la necesidad de enfocar nuestra vida a lo que somos capaces de controlar.

Con 19 años, Teresa sufrió una enfermedad que le obligó a moverse desde entonces en una silla de ruedas. En vez de pensar en todas aquellas cosas que ya no podría hacer, decidió focalizar toda su energía en hacer las cosas de forma diferente a como las hacía antes huyendo del autosabotaje, en el que caemos muchos, que supone decir "no puedo".

Esa actitud diferente le llevó a descubrir su teoría del espiralismo, que afirma que todos podemos crear una espiral positiva de optimismo y felicidad que se retroalimenta. Y ella es un ejemplo vivo de ello con sus 22 medallas paralimpicas.

"Querer es poder" en estado puro y con cara y ojos.

viernes, 30 de mayo de 2014

Resaca electoral

El domingo pasado se celebraron las elecciones al Parlamento Europeo. Una de las cosas que más me sorprenden elección tras elección es la casi nula capacidad de nuestros políticos para aceptar con gusto la derrota y asumir que es necesario cambiar. En la noche electoral todos ganan. Y creo que los ciudadanos empezamos a no creerlo.

Hace años, llegó a la selva un búho que había estado enjaulado en un palacio. De vez en cuando reunía a otros animales y les contaba cosas sobre lo que los humanos hacían. Poco a poco los animales quisieron hace suyas algunas de las costumbres humanas. Y empezaron organizando un concurso de canto en el que participaban todos los animales: desde el jilguero hasta el hombre.

El búho decidió que igual que los humanos, el ganador debería elegirse por voto secreto y universal. Todos los participantes, a la vez serían jurados. Los animales cantaron y fueron aplaudidos o abucheados por sus compañeros que anotaron en un papelito el que pensaron que lo había hecho mejor. Introdujeron ese papelito en una urna que custodiaba el búho en el escenario, vigilado por dos ancianos leones. Cuando todos habían terminado de votar, el búho empezó el recuento de esa "fiesta de la democracia".

Uno de los leones cogió el primer voto:

- El primer voto, amigos, es para nuestro amigo... ¡el burro!

Hubo un silencio con algunos tímidos aplausos.

- El segundo voto... ¡¡también para el burro!!

- ¡¡Y el tercero!! ¡¡Y el cuarto!!...

Todos sabían que no había peor canto que el rebuzno de un asno, sin embargo todos lo habían elegido como el mejor de los cantores. La "libre elección" del "imparcial" jurado había decidido que el estridente grito del burro era el ganador.

El búho tomó la palabra para explicar lo ocurrido:

- Cada concursante, ha pensado en si mismo como el indudable ganador, y por tanto habéis dado vuestro voto al menos cualificado de todos, al que no podía representar una amenaza para vuestros intereses.

La votación fue casi unánime. Sólo dos votos no fueron para el burro: el del propio burro, que había votado sinceramente por la calandria, y el del hombre que, cómo no, había votado por sí mismo.

Y es que la capacidad del hombre para vivir alejado de la realidad pensando que el mundo gira a su alrededor es sorprendente. Nos consideramos muchas veces el ombligo del mundo, de nuestras empresas, de nuestro grupo de amigos, de nuestras familias, de nuestras parejas y no nos damos cuenta que sólo siendo capaces de conocer nuestros defectos, y nuestras limitaciones seremos capaces de mejorar, de progresar y de desarrollarnos por completo como personas. Sólo siendo capaces de poner el centro de nuestra vida en que los que nos rodean estén a gusto seremos capaces de ser felices.

¿Por qué no nos proponemos para este fin de semana que nadie se aleje de nuestro lado sin sentirse mejor y más feliz?

viernes, 23 de mayo de 2014

Árboles para la eternidad

Como el aeropuerto de Pamplona está en caída libre y parece que nadie quiere hacer algo por evitarlo, con la vida viajera que llevo, últimamente me están tocando demasiadas horas al volante de algún coche.

Ayer jueves por la tarde volvía desde Valencia por la autovía Mudéjar cuando a la altura del aeropuerto de Teruel vi un camión en llamas. Los bomberos ya estaban sofocando el fuego que se había extendido a los primeros matorrales de una arboleda cercana. Me acordé de esta historia que cuenta Anthony de Mello:

Llegó a los oídos de un maestro la noticia de que un bosque de cedros cercano había sido devastado por el fuego, y movilizó inmediatamente a sus discípulos:

- Debemos replantar los cedros

- ¿Los cedros? - reclamó un discípulo- ¡¡Pero si tardan dos mil años en crecer!!

- Entonces tenemos que comenzar de inmediato. No hay ni un minuto que perder - dijo el Maestro.

Y es que muchas veces necesitamos pensar en las acciones de nuestra vida con sentido de eternidad. Nuestras buenas acciones, aunque no las veamos germinar, dejan una semilla entre la tierra de este mundo, que con el paso del tiempo -quizá mucho tiempo- se convertirán en enormes árboles de refrescante sombra.

Aunque a veces no encontremos el sentido de darnos por completo a los demás, debemos seguir esparciendo esas semillas que en la sucesión de generaciones conviertan a este mundo en algo mucho más humano, digno y feliz. Tú también eres responsable de ello. Desde ahora mismo. ¡Animo!