viernes, 31 de octubre de 2014

Hazte pequeño

En las cuatro ciudades que he visitado esta semana (Madrid, Barcelona, Bilbao y Palma de Mallorca) no se hablaba de otra cosa: la corrupción. Sorprende sobremanera la terrible codicia de muchos de nuestros representantes públicos que con la vida más o menos resulta se lanzan por la empinada cuesta de la codicia hasta llegar a delinquir arruinando su vida y la de sus familias.

Siempre he pensado, que durante muchos años, convertimos a los políticos en dioses. Ellos marcaban la agenda de los actos, ocupaban los lugares preferentes, decidían incluso sobre nuestra libertad... Cuando en realidad deberían ser servidores. La humildad desapareció de su diccionario, y el orgullo ocupó ese vacío.

Tres hombres se perdieron en la montaña. Vagaron durante días y sólo encontraron una manzana como alimento. Casi desfallecidos por el hambre mientras discutían como repartir la fruta se les apareció Dios y les dijo:

- Voy a probar vuestra sabiduría. Si sois lo suficientemente sabios, os salvaré. A ver. Tenéis problemas con la comida ¿verdad?. ¿Qué podría hacer por vosotros para que todos os alimentéis?

El primer hombre dijo:

- Señor, es muy sencillo. Con tu poder, puedes hacer que aparezca más comida.

Dios le contestó que esa no era una sabia respuesta, pues no se le puede pedir a Él que mágicamente se solucionen nuestros problemas, sino que debemos ser nosotros los que trabajemos en esa solución con los medios con los que disponemos.

El segundo hombre dijo:

- Señor, haz que la manzana crezca para que sea suficiente para alimentar a los tres.

A lo que Dios contestó que la solución nunca puede ser la multiplicación de lo que se tiene, porque el ser humano nunca queda satisfecho y por tanto nunca sería suficiente.

El tercer hombre dijo:

- Entonces Señor, aunque tenemos hambre y somos orgullosos, haznos pequeños a nosotros para que la manzana sea suficiente para los tres.

- Has contestado sabiamente, porque cuando el hombre se hace humilde y se empequeñece, entonces, y sólo entonces verá la prosperidad.

Y no sólo nuestros políticos deberían hacerse más pequeños. ¿Por qué no piensas en los momentos, en que esta semana, has molestado a alguien al dejarte llevar por el orgullo, para no volver a repetirlos?

viernes, 24 de octubre de 2014

No importan los ojos


El fin de semana pasado volví a recorrer, con algunos de mis hijos y otros amigos, un tramo del Camino de Santiago. Pese a lo avanzado del año y a la cercanía del frío y el mal tiempo, la cantidad de peregrinos que ponen rumbo a la tumba del Apóstol sigue impresionando.

Compartimos un trozo del caminar con Klaus, un peregrino alemán que había empezado su peregrinaje en Saint Jean de Pied de Port. Estuvimos hablando de unas cuantas cosas, entre otras, de la hospitalidad que recibía en cada uno de los pueblos del Camino por los que pasaba.

Un señor mayor acostumbraba a sentarse en un banco situado a la entrada de un pueblo, para pasar el tiempo viendo a la gente que llegaba a la población. Un día se le acercó un joven y le dijo:

- Nunca he venido aquí. ¿Cómo son los habitantes de este pueblo?

- ¿Cómo era la gente del pueblo de donde vienes?

- Egoístas y malos. Este es el motivo por el que me alegré de irme- respondió el joven

- Algo parecido te encontrarás aquí.

Un poco más tarde se acercó otro hombre y le preguntó lo mismo:

- Acabo de llegar a la región, ¿cómo es la gente que vive aquí?

- Dime amigo, ¿cómo era la gente del pueblo de donde vienes? - respondió el anciano

- Eran buenos, acogedores y honrados. Tenía allí muy buenos amigos, y me dolió mucho tener que dejarlo.

- Lo mismo encontrarás aquí. Ya lo verás. Buena gente.

Un comerciante cercano que había oído las dos conversaciones se acercó al anciano y le reprochó:

- ¿Cómo puedes dar dos respuestas completamente distintas a la misma pregunta que te han hecho dos personas?

- Cada uno llevamos nuestro universo en el corazón. Y el que lo abre, cambia su mirada sobre los otros.

Nosotros vemos lo que vemos a partir de lo que somos. Hay personas cuya vida es una queja constante, y hay personas que atraviesan su existencia con cierta dulzura. La esperanza y el amor que tenemos en nuestro corazón transforman completamente nuestra visión del mundo. ¿Has pensado qué vas a hacer este fin de semana para regarlas un poco y que te sigan ayudando a ver el mundo con ojos dulces?

viernes, 17 de octubre de 2014

La puerta de Shambhala


Esta semana casi un centenar de personas desaparecían en medio de una tormenta en el Himalaya. Casi una treintena ya se dan por fallecidas. Al resto se les sigue buscando.

Un amigo montañero, me contó que los tibetanos creen en la existencia de un reino sagrado llamado Shambhala. En él, el sufrimiento no tiene cabida y todo lo domina la belleza y la bondad. Llegar hasta sus puertas, ocultas en medio de la cordillera del Himalaya, no es empresa fácil, y los que las encuentran, muchas veces fruto del azar, han debido sortear los numerosos peligros de la cordillera.

Quien tiene la suerte de encontrar la puerta, debe aprovechar la oportunidad de entrar en el reino. Si no lo hace, y lo deja para más adelante, nunca más volverá a encontrarlas. Las puertas de Shambhala sólo se abren una vez en la vida, y el que no entra, queda fuera para siempre.

Muchas veces olvidamos que la vida no espera. Si tenemos un sueño, tenemos que tratar de hacerlo realidad pronto; si queremos pedir perdón, debemos hacer ya; si queremos cambiar, debemos arrancar ahora mismo. Si no tomamos la iniciativa con el primer entusiasmo, ya nunca lo haremos. Es triste dejar pasar los días y los años sin que nada importante suceda. Encontrar un nuevo mundo requiere valor, optimismo y sobre todo inmediatez.

Si la puerta de Shambhala se ha abierto en tu vida, entra sin dudar. Es preferible errar cien veces que someterse a la mediocridad.

viernes, 10 de octubre de 2014

La carpintería

Esta semana he estado trabajando para una fábrica de muebles de madera. Por el tipo de mueble que realizan y por la peculiaridad de sus clientes, una de las competencias fundamentales de casi todo su personal es la capacidad de trabajar en equipo, todos juntos en la misma dirección.

¿Y dónde no es necesaria esa competencia? ¿Cuantos problemas vemos -incluso en los medios de comunicación- por falta de sinergia entre los miembros de un equipo deportivo, político, empresarial...?.

Las herramientas de una carpintería convocaron una reunión para tratar de arreglar sus diferencias. El martillo se autoproclamó director de la reunión, pero el resto de herramientas dijeron que tenía que renunciar, porque hacía demasiado ruido. Se pasaba el tiempo golpeando. El martillo aceptó la recusación, pero pidió que el tornillo también fuera apartado de la dirección porque había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo.

Ante semejante ataque, el tornillo también recusó al papel de lija, porque era muy áspera en el trato y siempre tenía fricciones con los demás.

La lija aceptó igualmente su recusación pero "en venganza" pidió que fuera expulsado el metro, porque siempre medía a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto. El metro aceptó pero recusó al serrucho.

En ese momento entró el carpintero en la carpintería y las herramientas dieron por finalizada la reunión. El carpintero se colocó el delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, el papel de lija, el metro, el tornillo y el serrucho, y al final el tosco bloque de madera se transformó en un estupendo mueble. Al terminar su trabajo, el carpintero se fue, y la carpintería volvió a quedar nuevamente sola. La asamblea reanudó sus deliberaciones, y el serrucho dijo:

- Ha quedado demostrado que todos tenemos defectos. Pero el carpintero ha trabajado con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no nos fijemos en lo peor de nosotros sino en la fortaleza de nuestros puntos fuertes.

La asamblea encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija afinaba y eliminaba asperezas, el metro era preciso y exacto y con el serrucho se cortaban los trozos de madera que no servían.

Todos tenemos virtudes y defectos, pero en la convivencia con otros solemos fijarnos en estos segundos. ¿Te imaginas que pensáramos en la mejor manera de complementarnos con los que nos rodean, potenciando lo positivo de ellos y olvidando lo negativo?

viernes, 3 de octubre de 2014

Volver a empezar


Volver a empezar. Guía para orientar tu vida. Rita Balboa. Plataforma Actual. 2014

Una pequeña recopilación de los principales temas que tenemos que establecer en la hoja de ruta de nuestra vida. Con un enfoque cercano, muchas veces autobiográfico, Rita nos presenta las claves para ilusionarnos por la vida y seguir dando pasos en nuestro caminar hacia nuestros objetivos.

La propia experiencia personal de la autora, sus pensamientos y sentimientos y las citas de muchos autores nos llevan a desbrozar qué es lo realmente importante en la vida de cada uno de nosotros. Habla de uno mismo, de los demás, del amor, de la belleza, de la creatividad, de los amigos y la familia, del trabajo en equipo... Todo ello pasando desde lo más material hasta el más profundo sentido de nuestra vida invitándonos a mantenernos vivos, a aspirar a cosas grandes, a evolucionar, cambiar, soñar y a atrevernos a ser felices.

Un canto a la esperanza, a ilusionarse tras una -o muchas caídas- a aprender de los errores, a motivarnos en nuestro volver a empezar de cada día, porque no hay duda que todos los días "volvemos a empezar".

viernes, 26 de septiembre de 2014

Un mecánico en tu vida

Madrid, Bilbao, Valencia y Alicante me han visto esta semana. A estas horas aún me queda un avión y 200 kms de coche para llegar a casa. Pero pese a todo uno vuelve contento y con la satisfacción de haberse dejado la piel en cada una de las sesiones.

La noche que pasé en Madrid tuve la oportunidad de cenar con un amigo que trabaja en el departamento de Recursos Humanos de una gran compañía. Hablamos mucho de coaching. Especialmente de lo interesante del concepto y de lo triste que es que algunos hayan desvirtuado por completo la idea. Porque es un concepto necesario. En estos tiempos estamos tan metidos en nuestros problemas, y el día a día nos engulle tanto, que somos incapaces de verlos, y por tanto, de arreglarlos. Y esos problemas van causando destrozos tanto interiores como exteriores.

Una noche en Amenal, haciendo el Camino de Santiago, a escasos 15 kilómetros de la Casa del Apóstol me contaron esta historia. Un hombre conducía un Peugeot 505 por una estrecha y solitaria carretera cuando de repente este empezó a hacer ruidos raros hasta que el motor se paró. El conductor se bajó del coche, levantó el capó y trató de averiguar cual era el problema. Aunque se consideraba un experto en "su coche", por más que miró, no consiguió encontrar dónde estaba el fallo.

Pronto pasó otro coche por la carretera y se detuvo para auxiliarle. Bajó el conductor y le echó un vistazo al motor. El propietario del vehículo le dijo:

- Mire, este es mi coche de toda la vida. Lo conozco como la palma de mi mano. No creo que usted que no sabe nada de él pueda ayudarme. Creo que tendré que llamar a una grúa.

- Déjeme que lo intente. Creo que sé dónde puede estar el fallo.

- Está bien. Inténtelo, pero ya verá como no consigue nada.

El segundo hombre se puso manos a la obra y en pocos minutos encontró un manguito suelto, lo juntó con una abrazadera, se sentó al volante, y arrancó el coche.

- ¿Cómo supo que ese era el problema si usted no conocía el coche?.

- Verá. Cuando era joven trabajé en la fábrica que Peugeot -ahora PSA- tiene en Vigo. Después de unos cuantos años allí abrí mi propio taller, que se especializó en esa marca, y he estado arreglando problemas como este toda mi vida.

Muchas veces nos empeñamos en decir: esta es mi vida, este es mi destino, este es mi problema; dejadme solo para arreglar el problema, que esta es mi vida y yo se cómo hacerlo. Y en el fondo, todos necesitamos un mecánico para nuestra vida que nos ayude a enfrentarnos mejor a los problemas y a los días difíciles que se presentan en nuestro caminar.

Pide ayuda. Todos la necesitamos.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tu propia mazmorra

En uno de los viajes de esta semana pasé a repostar en una estación de servicio de una autopista. Al terminar el carril de deceleración, la carretera se dividía en dos: una para ir hacia la zona de repostaje de camiones, y otra para ir a la zona de repostaje de coches y para salir del área de servicio.

En la bifurcación me encontré un camión de gran tonelaje con un remolque intentando hacer una extraña maniobra de giro. Por delante se subía al jardín, y la parte de atrás del remolque se subía en uno de los quitamiedos que protegían la zona. Pienso que el camionero al verse "atrapado" perdió los nervios y aceleró con fuerza hacia atrás. El remolque saltó por encima del quitamiedos y las dos ruedas traseras reventaron con sonoro estruendo.

Cuentan que hace años un reo había sido sentenciado a cadena perpetua en una vieja, sucia, húmeda y oscura mazmorra en el interior de una torre. No queriendo arrepentirse de sus faltas, gritó orgulloso que de allí escaparía. El rey, misericordioso, le dijo que le perdonaría si encontraba la única salida existente.

La celda tenía techo, suelo -con un registro de desagüe- y cuatro paredes. En una de ellas una alta ventana, y en otra una gruesa puerta de hierro con poderosos cerrojos. El preso consiguió alcanzar la ventana, y durante años estuvo intentando aflojar los barrotes. Cuando lo consiguió, se dio cuenta que la altura de la torre era tal, que intentar saltar, le costaría la vida. Intentó el desagüe, pero tampoco era el camino, ya que se ahogaría antes de llegar al río. Trató de romper la pared, pero después de años horadando la piedra, descubrió que al otro lado había una celda igual. La soledad era brutal.

Antes de morir de viejo, gritó al rey: "Tú me prometiste libertad, pasé mi vida buscándola con todas mis fuerzas y no la hallé. De haberla.. ¿cuál era la única salida?". El rey respondió: "Nunca me buscaste, no te arrepentiste. La puerta estaba abierta. ¡La salida era yo!".

Muchas veces cerramos el corazón al amor, a la verdad, al arrepentimiento, a la ayuda. Buscamos, hacer salidas encerrándonos en nuestros errores, hasta que nos damos cuenta que hemos pinchado nuestras ruedas, que estamos rodeados de gruesas paredes de necedad, rutina, autosuficiencia y orgullo. Ahora que termina la semana, piensa... ¿en cuantas cosas te has equivocado dejándote llevar por tu orgullo en vez de pedir ayuda o aceptar un consejo de alguien sabio?