viernes, 24 de mayo de 2013

Alarga la cuchara

El martes por la noche cené en Igualada con mi amigo Jordi y su esposa. Hablamos de muchas cosas y especialmente del cambio de modelo de trabajo, de relaciones, de sociedad, de -en definitiva- afrontar la vida que este nuevo escenario en el que vivimos nos ha llevado a ejecutar. Aunque hay quien sigue empeñado en nadar en solitario, cada vez es más claro que debemos formar equipos, trabajar en conjunto, compartir y apoyarnos mutuamente. Que debemos poner nuestros ojos, nuestro corazón y nuestro pensamiento en los demás, y no en nosotros mismos, como hasta ahora veníamos haciendo.

Cuentan que un joven se acercó a un profeta para que le explicara cómo era el cielo y cómo era el infierno. El profeta le tomó de la mano y le llevó a una cueva. En el centro de la misma había una mesa redonda a la que se sentaban unas cuantas personas tristes, delgadas y de mal aspecto. En el centro de la mesa, había una olla llena de una deliciosa comida. Los comensales tenían sus brazos encajados en unas estructuras de madera que les permitían, con una larga cuchara, llegar hasta la olla y coger alimento, pero no podían girarlas para acercar las cucharas hasta su boca.

- Este es el infierno - dijo el profeta.

A continuación, por un pasadizo abierto en la cueva llegaron a otra sala. En ella igualmente había una mesa con una decena de comensales a su alrededor y otra olla llena de deliciosa comida. Todos parecían felices, sanos y bien alimentados. El joven se fijó que aunque sus brazos seguían encajados en unas estructuras similares a las del infierno aquellas personas habían aprendido a alargar sus brazos y dar de comer a la persona que tenían enfrente con las largas cucharas. No había duda que estaban en el cielo.

Y es que el mundo nos iría mejor si cada mañana al despertar, en vez de preguntarnos "¿a ver qué tiene reservado para mí el día de hoy?" nos preguntáramos: "¿Qué puedo dar a los demás de lo mucho que tengo?".

viernes, 17 de mayo de 2013

Un barco contra nosotros


Esta semana he dedicado un día completo a mi propia formación y tres sesiones en Zaragoza, Madrid y Guadalajara. Curioso que en las comidas que han seguido a las sesiones en los tres sitios, los tres días me han contado la misma sensación: esta crisis, que ya queda claro que no sólo es económica, sino de valores, nos está agriando el carácter. Ya no sólo nos enfada la actitud de nuestros políticos o de nuestros jefes sino que nos levantamos malhumorados desde que ponemos el pié en el suelo. Cualquier mínimo roce nos hace saltar, parece que andamos a la búsqueda de algo que justifique nuestro cabreo.

Una mañana de otoño, un pescador y su hijo se lanzaron a la mar con intención de llenar sus redes de peces para procurarse el jornal del día. El tiempo era bueno, pero conforme avanzó la mañana el viento empezó a soplar cada vez más fuerte y a traer hasta la zona amenazantes nubes negras. El pescador, advirtiendo el peligro, decide regresar a puerto pero la fuerza del oleaje avería su motor y obliga a padre e hijo a remar hacia la costa. La embarcación avanza a duras penas entre las desenfrenadas olas cuando el hijo descubre a lo lejos un barco algo más grande que el suyo.

- Papá, parece que aquel barco viene hacia nosotros

El padre, levanta la vista hacia el horizonte y silencioso continúa remando. En medio de las olas la desconocida embarcación se acerca más y más. 

- ¡Papá! - chilla el hijo- ¡¡ese loco va a chocar con nosotros, viene en línea recta!!

El padre sigue en silencio remando

- ¡¡Papá!!. ¡¡Ese insensato va a embestirnos!!. Estoy seguro que quien gobierna el barco quiere matarnos y enviarnos al fondo del mar. ¡¡Papá!!.

El hijo se incorpora y desde la proa hace grandes gestos como para que le vean sin dejar de gritar:  

- ¡El marinero está tranquilamente tumbado en su cubierta!. ¡Su inconsciencia va a matarnos! ¡¡Asesino!! ¡¡Criminal!! 

Las dos embarcaciones siguen aproximándose, pero justo antes del impacto el padre con un golpe de timón vira su barca hacia babor y por los pelos, evita la colisión.

- ¿Te has fijado quien estaba en el barco? - preguntó el padre al hijo.

- Si. Lo que me había parecido un hombre dormido era simplemente un saco abandonado arrojado sobre la cubierta de la embarcación

- ¿Has visto contra quien te has enfadado hijo mío?.

viernes, 10 de mayo de 2013

No busques el tesoro


El fin de semana pasado comencé con mis hijos más mayores la preparación para volver a repetir en Navidad los últimos 100 kms del Camino de Santiago andando. Caminamos desde Pamplona hasta Puente la Reina, en Navarra. 23 kilómetros. Evidentemente aprovechamos el caminar para hablar de mil y una cosas. En la Guía que utilizamos para el Camino hace tiempo que voy metiendo copias de historias que nos van contando en nuestro peregrinar o que encuentro en mis lecturas. Almorzando en Uterga les conté esta:

Un pobre labrador surcaba sus tierras con un arado. Sólo la fuerza de su cuerpo le ayudaba en su empeño. El calor apretaba y el sudor empezó a brillar en su frente. Abría con fuerza el surco cuando un movimiento instintivo le hizo girar la cabeza hacia atrás, como buscando algo. En ese momento, en la tierra algo brilló con un destello dorado. Pero el labrador, mirando hacia atrás, no lo vio. Volvió a girar la cabeza hacia adelante y siguió arando el campo.

A la mañana siguiente, al amanecer, un peregrino pasó por el camino que había junto al campo cuando un rayo del sol  hizo brillar algo entre los surcos abiertos en la tierra por el labrador. El peregrino se sorprendió. Saltó al campo y se acercó hasta la zona. Escarbó un poco con las manos y empezó a encontrar monedas de oro. Cogió todas las que pudo, hasta llenar su morral y su alforja y feliz, siguió su camino.

Y aunque esta historia parece injusta, no le falta algo de verdad. Ambos hombres deseaban encontrar un tesoro. Un tesoro que hoy llamamos felicidad. Y que todos deseamos. El labrador quizá ponía todo su afán en encontrarlo. El peregrino, simplemente se dejó llevar por su camino, y en él lo encontró. Y lo mismo ocurre con la felicidad. No tiene sentido andar ansioso detrás de ella, no vaya a ser que cuando se nos presente nos pille distraídos buscándola .

viernes, 3 de mayo de 2013

El despertar de la señorita Prim


El despertar de la señorita Prim. Natalia Sanmartín Fenollera
Planeta. 2013.

Me vais a permitir que en esta recomendación literaria pase del ensayo a la novela. Prudencia Prim, una joven con un espectacular currículum decide aceptar una oferta de trabajo de bibliotecaria en San Irineo de Arnois, una pequeña población creada por un maestro y un monje que han hecho de ella un "pequeño reducto para exiliados de la confusión y la agitación modernas". Entre deliciosas tazas de café, pastas y tartas de todos los sabores y formas transcurren larguísimas conversaciones que abogan por recuperar los valores de la cultura clásica cuestionando la locura del mundo moderno.

La escala de valores de Prudencia, que gira en torno al éxito rápido, agobiante y urbanita de nuestros días, se verá tambaleada progresivamente haciéndole cambiar sus opiniones sobre la educación, el mundo del trabajo, la cultura, la sensibilidad, las relaciones interpersonales, las diferencias entre hombres y mujeres, el amor, el matrimonio, el hecho religioso...

El contraste de la vida agitada de las grandes ciudades con el de la vida en San Irineo, donde se disfruta la vida, se tiene tiempo para pensar (cada vecino ha encontrado su propia identidad, ha descubierto lo que le gusta y ha hecho de ello su profesión) resulta escalofriante.

Una novela optimista, alegre, llena de vitalidad y esperanza.

viernes, 26 de abril de 2013

En tus silencios te escucho


Después de pasar por Sevilla, Huelva y Madrid termino la semana con tres sesiones seguidas en Foro Europeo, la Escuela de Negocios de Navarra. Hacía mucho tiempo que no impartía ninguna sesión en Pamplona y hacía mucho tiempo que no pasaba por las aulas de Foro y volver me ha hecho especial ilusión.

Al acabar la jornada se me ha acercado Alvaro, para contarme que había venido desde otra ciudad cercana a escucharme porque su novia le había hablado de mí. Hemos compartido unos minutos juntos y al final me ha pedido que me acordara de él porque se iba a casar a finales del mes de junio.

El lunes compartí mesa en la cena con una pareja de amigos recién casados y hablamos de lo importante que resulta para una pareja -y para cualquier relación en la vida en general- una comunicación correcta, fluida y completa.

Cuentan que un hombre que vio cómo su matrimonio se tambaleaba acudió a la consulta de un experto mediador que le aconsejara cómo mejorar. El experto le dijo: "Tienes que aprender a escuchar a tu mujer".

El hombre se tomó en serio el consejo y regresó al cabo de un mes para decirle al experto que ya había aprendido a escuchar todas y cada una de las palabras que decía su mujer, pero que a pesar de ello, su relación seguía sin mejorar.

El experto le sonrió y le dijo: "Ahora vuelve a casa y escucha cada una de las palabras que tu mujer no dice".

Y es que como en el teatro, en la vida, el silencio expresa tanto o más que las palabras.


viernes, 19 de abril de 2013

Que no se apague la llama


El miércoles en Zaragoza participé junto a Teresa Perales en la clausura del proyecto PUEDES, que Kuhnel Estudios Superiores puso en marcha, con el apoyo de algunas otras entidades, para ayudar a las personas que no tienen empleo a mejorar sus competencias en la búsqueda de nuevas oportunidades profesionales.

De la conferencia de Teresa hubo dos cosas que me llamaron la atención: por un lado su profunda y sincera sonrisa y por otro lado su enseñanza de encontrar en nuestro interior la fuerza que nos lleve a conseguir todos nuestros sueños.

Cuentan que un sultán muy rico tenía fama de mantenerse indiferente ante sus propiedades y que dedicaba su vida a desarrollar una profunda religiosidad que le llevaba a una permanente mejora personal, algo inusual para un personaje de su categoría. Movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar cual era el secreto del soberano para no deslumbrarse por los tesoros y lujos que rodeaban a los nobles de la época. Se presentó en su palacio y le preguntó:

- Sultán, ¿cual es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?

- Te lo voy a contar. Para ello, recorrerás mi palacio y conocerás la dimensión de mi riqueza. Pero deberás llevar una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré- Contestó el sultán.

Al terminar el paseo, el sultán le preguntó al súbdito su opinión sobre las riquezas que había visto:

- No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara.

- Ese es el secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera.

Y es que muchas veces deseamos convertirnos en mejores personas pero sin apartarnos de las cosas que nos deslumbran junto a nuestro camino con su vacía belleza, o con su radical tristeza. Hoy más que nunca, debemos dirigir nuestra mirada hacia dentro para avivar esa llama que nos permitirá cambiar como personas y así provocar ese cambio que todos esperamos en este mundo.

viernes, 12 de abril de 2013

Aprieta las manos

En una de las cuatro sesiones de esta semana tuve el honor de hacer de telonero de los grandísimos Victor Küppers, Dani Delacámara y de Leopoldo Abadía. Una jornada de trabajo para Fasga, una federación de sindicatos que nadie imagina que puedan existir: independientes, que no viven de la subvención sino sólo de las cuotas de sus afiliados y que su lema y su filosofía real de acción es: "Responsabilidad y Futuro". Tras las sesiones tuve el gusto de llevar a Leopoldo a su hotel y en el trayecto subterráneo por la M30 de Madrid fuimos hablando entre otras muchas cosas, de la situación actual del país y del descrédito en el que ha caído casi toda la clase política e institucional.

Me acordé que no hace mucho, una noche leí a Almudena y Mariola (mis hijas pequeñas) un cuento de un viejo libro que encontré en casa de mis abuelos.

Decía que el agua, el viento y la verdad firmaron un acuerdo de hermanamiento. La verdad y el agua preguntaron al viento:

- Amigo, como tú eres muy rápido y avanzas por el mundo a gran velocidad, tendríamos que saber dónde te podríamos encontrar si algún día te necesitamos.

El viento les contestó que le encontrarían en el cañón que hay entre las sierras, y que si allí no lo encontraban, que preguntaran al álamo temblón, porque de allí nunca se movía.

La verdad y el viento le preguntaron al agua dónde encontrarle si le necesitaban.

- Me encontraréis en las fuentes, y si no, buscadme entre los juncos verdes, pues de allí no me iré nunca.

Y el agua y el viento preguntaron a la verdad dónde encontrarla el día que la necesitaran. Y la verdad les dijo:

- Amigos,  mientras me tengáis entre las manos guardadme bien para que no me escape, porque si de vuestras manos me voy algún día, jamás me podréis encontrar, ya que por mi naturaleza aborrezco a quien una vez me abandona. Pues pienso que el que una vez me desprecia no es digno de tenerme.

Aprieta fuerte tus manos para no perder jamás la verdad. Que no te pase como a tantos que llenan portadas de periódicos.