viernes, 26 de junio de 2015

Un plan de verano

Termina el mes de Junio. Todavía me quedan un par de semanas de viajes y sesiones, pero llega el momento de descansar.

Sol, playa, helados, bañadores, flotadores, río, montaña, chanclas, toallas, siesta, gafas de sol y de bucear, viajes, tabla de surf, horchata, bronceador, gazpacho, cangrejos, paella, mapas, cubos, palas, castillos de arena... Todo esto sin duda son palabras que nos anclan a estas fechas, pero también es cierto, que son fechas con menos preocupaciones, con más tiempo libre y con más posibilidades de marcarnos metas que nos ayuden a dar pasos en nuestra mejora como personas.

Dicen que San Juan XXIII escribió esto hace años, y creo que puede ser una magnífica guía para mejorar un poco cada uno de estos próximos 71 días hasta que nos volvamos a encontrar allá por principios de septiembre.

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día; sin querer resolver todos los problemas de mi vida de un golpe.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto, mis maneras y mis formas. No criticaré a nadie ni trataré de hacerle mejorar, salvo a mí mismo. 

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo sino también en este.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré 10 minutos a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para el cuerpo, la lectura lo es para el alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie. 

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer.

8. Sólo por hoy me haré un horario detallado del día. Quizá no lo cumpliré del todo, pero lo redactaré y evitaré en él las prisas y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré, aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

10. Sólo hoy por no tendré temores, especialmente a gozar de lo que es bello y bondadoso.

¡Anda que no tenemos trabajo para este verano!

viernes, 19 de junio de 2015

El espejo más duro

Valladolid, Madrid, Pamplona y Guadalajara me han visto pasar esta semana. En una de las sesiones, uno de los alumnos me comentó que le había resultado complicado rellenar uno de los test de competencias que hicimos. Le había costado enfrentarse a sí mismo, a sus capacidades, a sus fortalezas y a sus áreas de mejora. Sin embargo, a lo largo de la sesión, fue capaz de decirle a todos sus compañeros de equipo cuales eran todos aquellos puntos en los que debían mejorar.

Cuentan que un anciano miope se consideraba un experto en arte. Un día que iba de excursión con unos amigos a visitar un museo, olvidó sus gafas en casa. No podía ver los cuadros con claridad, pero eso no le importó para manifestar sus duras opiniones sobre los artistas.

Se detuvo delante de lo que pensaba que era un retrato de cuerpo entero y empezó a criticarlo. "El marco es inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido de forma ordinaria. El artista no debía haberse fijado en un ser tan vulgar y sucio para su retrato. Roza la falta de respeto...". El anciano siguió criticando hasta que su esposa se acercó por detrás y en voz baja le dijo: "Querido, estás mirando un espejo".

Y es que cuando nos enfrentamos a nosotros mismos, o lo hacemos con humildad y sinceridad o acabamos fijándonos más en los defectos y problemas de los demás. Y eso, en el fondo es cobardía o pereza. Deberíamos mirar más hacia nuestro interior, con la certeza de que a veces veremos algo que no nos gustará. Pero con la esperanza de que podremos poner todos los medios necesarios para mejorar. Y esa capacidad de mejora es todo un aliciente en la vida.

viernes, 12 de junio de 2015

El árbol de los problemas

Esta mañana he intervenido como ponente en la convención de ventas de una empresa veterinaria que se ha celebrado en Punta Prima (Sant Lluis, Menorca). Anoche fuimos a cenar a la Cova d´n Xoroi. Un espectacular local construido como un hormiguero en una cueva que cuelga sobre un impresionante acantilado. El paisaje es espectacular. Breathtaking que dicen los ingleses. La vegetación, las rocas, la luna, el rumor del mar, las olas rompiendo contra el acantilado.... Parte del mobiliario (mesas, sillas) y de la decoración están hechos con troncos de árboles.

Me acordé de la historia de un carpintero que después de un largo y duro día de trabajo cuando se disponía a volver a su casa, su furgoneta no arrancó. Llamó a la grúa y esta vino rápido. El mecánico enganchó el coche, lo dejaron en la puerta del taller y acercó al hombre hasta su casa.

Por el camino, el mecánico y él entablaron una amigable conversación. Tanto, que al llegar a casa, el carpintero le invitó a tomar algo y le presentó a su familia. Mientras se dirigían a la puerta de la casa, el carpintero se detuvo frente a un pequeño árbol tocando las puntas de las ramas con las manos.

Cuando abrió la puerta, parecía transformado. Todos los problemas de la jornada, el contratiempo de la furgoneta... habían desaparecido. Jugó con sus hijos, besó a su esposa y todo era alegría y atención a los demás. Después de tomar unas cervezas, el mecánico volvió a su grúa. El carpintero le acompañó.

Al pasar junto al pequeño árbol el mecánico le preguntó por qué lo había tocado antes de entrar en casa. El carpintero contestó:

- ¡Oh! Este es el árbol de los problemas. Se que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero esos problemas no pertenecen a mi familia, ni a mi mujer, ni a mis hijos. Así que los cuelgo en el árbol cada noche antes de entrar en casa. Luego a la mañana siguiente los recojo otra vez. Lo divertido es que a la mañana siguiente no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior.

Y es que en nuestro camino de desarrollo personal y profesional no tenemos problemas, sino desafíos y retos. Tenemos que ser capaces de desterrar esos "problemas" y convertirlos en retos y en cualquier caso, siempre, no hacer cargar a otros con los nuestros. Es nuestra responsabilidad aprovecharlos para hacernos mejores.

viernes, 5 de junio de 2015

Dueños de nuestro destino

Dueños de nuestro destino. Nuria Chinchilla y Maruja Moragas. Ariel. 2009.

Cada día se habla más y más sobre la necesidad de conciliar la vida profesional y la vida personal. Y cada día este se mantiene como uno de los problemas más complejos de resolver por nuestra sociedad.

En este libro, las autoras nos presentan un montón de medidas que a nivel mundial tanto personas, como empresas, legisladores y gobiernos han ido implementando tratando de buscar ese equilibrio entre trabajo y familia.

Pero además, durante unos cuantos capítulos nos explican los mecanismos de funcionamiento de la voluntad de los seres humanos para convertirnos en auténticos líderes de nuestra vida, y por tanto conseguir ser dueños de nuestro destino logrando ese complejo equilibrio tan anhelado. Muchas de sus reflexiones nos servirán, sin duda, para convertirnos en mejores profesionales, en mejores personas y en mejores miembros de nuestras familias y de nuestra sociedad.

Rebosando optimismo e ilusión y dejando claro que por medio habrá que poner mucha voluntad y mucha acción, nos ayuda a diseñar la hoja de ruta de nuestra vida. De una vida de éxito con mayúscula.

viernes, 29 de mayo de 2015

Fueguitos

Apenas unas horas esta semana en México DF para impartir una conferencia. En mi viaje de vuelta, en el asiento 2A del IB6402 pude disfrutar de la visión de la inmensidad de la capital azteca. Más de una hora sobrevolando la ciudad mientras empezaba a anochecer. Allí abajo se veían lucecitas de todos los colores, tamaños e intensidades.

Recordé entonces esta historieta que alguien me contó:

En un pequeño pueblo americano, un hombre tuvo la suerte de subir hasta el cielo. A la vuelta, contó a los demás lo que había visto:

El mundo es un montón de gente, un mar de fueguitos. Hay gente de fuego sereno, a los que nada les afecta; gente de fuego loco, que lanza chispas a su alrededor; gente de fuego débil, que ni alumbra ni quema; gente de fuego abrasador, que derrite todo a su paso...

Pero todos arden en la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca, se enciende.

Y es que cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

¿Has elegido el fuego con el que quieres brillar? Según como brilles tú, encenderás a los que te rodean.

viernes, 22 de mayo de 2015

Ozymandias

Este martes tuve la oportunidad de trabajar un rato con mi buen amigo Juan Pedro Sánchez. Participaremos juntos en este espectacular proyecto formativo en Perú: “Mi primer 5.000”. Una expedición mitad formativa, mitad aventurera que llevará a un equipo de directivos a coronar su primer 5.000. Teníamos que concretar algunas cosas y decidimos pasear por la Playa de Sagunto para que el mar nos terminara de inspirar.

Al final de la mañana, cuando nos dirigíamos a comer, vimos sobre la arena de la playa un enorme castillo de arena que unos jóvenes habían estado construyendo. Al salir de la comida, el viento había conseguido arrasar la construcción entera. No quedaba más huella que un pequeño y deforme montículo de arena.

Este fin de semana se celebran en España elecciones Autonómicas y Municipales. Los candidatos han tratado de convencer de la bondad de sus propuestas. Pero me temo que poca huella han dejado.

En 1821 llegó al Museo Británico de Londres una colosal estatua del faraón egipcio Ramsés II, conocido como Ozymandias. Napoleón había pujado por ella pero fueron al final los británicos los que la consiguieron. Aquellas pugnas hicieron famoso el asunto. Tanto que el poeta Shelley, le dedicó uno de sus poemas:

Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «Dos enormes piernas pétreas, sin su tronco
se yerguen en el desierto. A su lado, en la arena,
semihundido, yace un rostro hecho pedazos, cuyo ceño
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
las cuales aún sobreviven, grabadas en estos inertes objetos,
a las manos que las tallaron y al corazón que las alimentó.

Y en el pedestal se leen estas palabras:
"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, poderosos, y desesperad!"

Nada queda a su lado. Alrededor de la decadencia
de estas colosales ruinas, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas»

Y es que, nuestros políticos muchas veces se limitan a imitar a Ozymandias, que decía: “si alguien quiere saber cuán grande soy, que supere una de mis obras”. Sin darse cuenta que todos los líderes de todos los imperios acaban cayendo.  Las obras que a los hombres nos importan no son ni las carreteras, ni los aeropuertos, ni las grandes infraestructuras; por más que a ellos les encante inaugurarlas. Las obras que a nosotros nos importan son las que se graban en el corazón. Esas son las que duran de verdad, para siempre.

Quizá es que nuestros políticos sólo saben liderar con el cemento, y no con el corazón… Así les va. ¿Con qué lideras tú? ¿Dónde dejarás tu huella en este mundo? ¿En arenas que el viento arrastrará o el corazón de los que se crucen por tu camino?.

viernes, 15 de mayo de 2015

Jesualdo

Conocí a Jesualdo Martínez Ródenas en 2008. Coincidimos como alumnos en un Curso de Verano. Desde el primer momento me llamó la atención su excelente educación (siempre con un por favor y un gracias en la boca) y con el tiempo, su humildad (aunque hubo oportunidad, nunca conocí todos sus espectaculares méritos académicos y profesionales). Nos caímos bien.

Sevilla nos permitió encontrarnos unas cuantas veces más y compartir ideas, pensamientos y experiencias. La última vez que le vi, a principios de este año, desayunamos juntos en la T4 de Barajas. Yo hacía escala hacia Sevilla y él hacia Toulouse. Apenas 45 minutos en los que hablamos de lo importante: de la cuenta de resultados del corazón (de la familia, de los amigos…).

El  pasado sábado, a medio día,  me llamó un amigo común. Un A400M se acababa de estrellar en Sevilla. Me dijo: “Es posible que Jesualdo fuera a bordo”. Le mandé un guasap: “Jesualdo, please, dime que estás bien”. No recibí respuesta. Supuse que estaría con los suyos, con su familia. Lo que más le importaba en este mundo.

Recuerdo que de crío, me encantaba que en los fuegos de campamento me contaran esta historia de miedo:

Una joven quedó una noche con dos amigas para que fueran a su casa a dormir. Su abuela, que estaba muy mayor, se encontró mal y sus padres la llevaron al hospital, quedándose las niñas solas en el enorme palacio en el que vivían.  Una descomunal tormenta se levantó tras la cena. Asustadas, se acostaron en un dormitorio con tres camas. Era tal el miedo que tenían, que decidieron darse las manos de una cama a otra para poder pasar mejor la noche.

A la mañana siguiente,  cuando los padres volvieron con la abuela, que ya se había recuperado, la hija les contó el miedo que habían pasado y cómo se habían dado las manos para tranquilizarse. La madre sonrió y les dijo que eso era imposible, que el espacio entre las camas era muy grande y que no les llegarían los brazos. Las muchachas, incrédulas, le llevaron a la habitación para demostrarle cómo habían estado cogidas de la mano, y se dieron cuenta que les faltaba más de medio metro para poder tocarse. La abuela comentó entonces:

Quizá alguien más buscaba anoche consuelo. No sólo los vivos pasan miedo.

Y algo así me ha pasado esta semana. En cada uno de los 9 aviones que he volado, he sentido a Jesualdo a mi lado. Y quiero seguir sintiéndolo. Hemos “peleado” por el apoyabrazos. Y quiero seguir peleando. 

¡Amigo! Ya no te podemos ver, y mi guasap quedará para siempre sin respuesta. Pero no me cabe duda que en cada uno de los aviones que vuele estarás a mi lado.

¡Qué pedazo de avión tienen que estar haciendo en el Cielo para que se hayan tenido que llevar a los mejores!