viernes, 12 de febrero de 2016

Aprende a separarlos

El domingo pasado subí con algunos de mis hijos y un par de amigos al Cabezón de Echauri. Junto a la Ermita de la Virgen de la O, al poco de empezar la ascensión, y entre las hojas del suelo, encontramos un nido caído. Posiblemente la tormenta de los días anteriores lo había lanzado por los aires. Una de mis hijas dijo:

"Pobres pájaros, se han quedado sin casa. ¿Por qué no subes el nido otra vez al árbol, papá?".

Pues porque seguramente los pájaros no querrían volver a un nido que no habían construido ellos, pensando quizá que pudiera ser una trampa. Miramos bien los árboles y las tejas de la ermita, y efectivamente, allí estaba, a medio construir, su nueva morada...

En esta semana que termina, que no ha podido ser más movida, he estado con un amigo que atraviesa serios problemas laborales. Una mala decisión le ha posicionado en un trabajo que no le gusta, que le genera frustración y del que no ve la manera de salir. Me decía, "es que físicamente me duele ir a trabajar". No me extraña.

Y le hablé de los pájaros de Echauri. El esfuerzo de meses de trabajo construyendo su casa tirado por el suelo por culpa de una tormenta. Pero los pájaros, en medio del dolor por esa calamidad, habían sido capaces de tragarse el sufrimiento, y cantando empezaban un nuevo proyecto.

Nadie está exento de que la vida, de pronto, se le ponga cuesta arriba (una enfermedad, un problema familiar, un revés económico...). En esos casos debemos separar bien el dolor, del sufrimiento. No podemos evitar el primero, pero sí el segundo. Este nos lleva a la angustia, a la amargura, a la depresión... nos hundimos y los problemas se agigantan. Y muchas veces hacemos sufrir a los demás. No les duele lo que a nosotros nos duele, pero les hacemos sufrir.

La diferencia entre dolor y sufrimiento está en la actitud con la que nosotros queramos afrontar nuestros problemas y seguir navegando incluso en circunstancias aparentemente negativas. Mi amigo no puede evitar que le duela la decisión que tomó. Pero puede aprovechar este tiempo para pensar cómo enfrentarse de nuevo a un cambio profesional, imaginar nuevos proyectos, encontrar otras cosas positivas en su actual trabajo, descubrir otras luces en su vida más allá de las profesionales... No sufrir.

¿Cuántos proyectos se te han caído en lo que llevamos de año? ¿Cuántos amigos te han defraudado? ¿Cuántos reveses te ha dado la vida? No olvides que separar el dolor del sufrimiento te ayudará a edificar sólidamente tu futuro, que es donde vas a vivir el resto de tus días.

viernes, 5 de febrero de 2016

El test de la golosina

El test de la golosina
Walter Mischel. Debate. 2015

El propio Walter Mischel diseñó este experimento en los años 60 y se convirtió en un profundo estudio sobre el autocontrol. En él se demuestra que la capacidad de aplazar una recompensa es fundamental para tener una vida exitosa (mejores resultados académicos, relaciones sociales más duraderas, mejor autoestima...).

Aunque en algunos pasajes el libro se hace tedioso y pesado -especialmente en las descripciones de los experimentos- nos explica cómo conseguir el autocontrol y aplicarlo a la vida cotidiana. Quizá pueda resultar demasiado pragmático ya que en ningún momento establece unos parámetros de bondad o maldad a la hora de tomar decisiones o de rechazar algunas tentaciones.

A padres, formadores y educadores les ayudará a comprender que el fortalecimiento de la voluntad, la motivación, el esfuerzo y el autocontrol, como otras virtudes, son claves para el equilibrio emocional y una vida exitosa.

viernes, 29 de enero de 2016

¿Cuántos años tienes?

Esta semana he compartido mesa y mantel con un par de amigos que acaban de cambiar de trabajo. Han dado un giro radical a su vida y se han lanzado a navegar por lo que viene llamándose ya "la segunda carrera profesional".

El ecuador de la vida (entre los 40 y los 50 años) es una fecha crítica. Uno mira hacia atrás y ve lo que ha hecho y se plantea si quiere seguir haciendo lo mismo el resto de la vida.

Una vez, un joven se acercó a visitar a un anciano maestro. Muy cariñosamente, para evitar que se ofendiera, le preguntó por su edad, y el anciano contestó:

- Tengo 15 años

El joven se sorprendió. Las arrugas de la cara y las manos, lo blanco de su cabello, la larga barba... eran señales inequívocas de que aquel hombre no cumpliría ya los 75. Debió ser tal su cara de sorpresa que el anciano tuvo que aclarar:

- Mire joven; he vivido 75 años, pero esos ya no los tengo más. Esos han pasado. Pienso que viviré hasta los 90, y por eso tengo 15. Sólo me importan los próximos, los del futuro, estos 15 que puedo elegir como vivirlos.

Tenemos que convertirnos en personas de futuro, no de pasado. Nada podemos hacer para cambiar lo que ya pasó o lo que fue. El pasado es inamovible, y se almacena en los libros de historia. Lo que podemos cambiar es el porvenir, los días nuevos, los que están por llegar.

Y tú... ¿cuántos años tienes? ¿Ya has decidido cómo quieres vivirlos?

viernes, 22 de enero de 2016

Déjales sin la niñera

Todavía no he terminado la semana. Aún me espera mañana en Jaca (Huesca) el Comité de Dirección de una compañía. Hablaremos del "ser directivo", que es un montón de cosas, claro. El martes, en Madrid, en una sesión parecida, remarcamos que los líderes nunca interfieren en las tareas de sus subordinados sin una buena razón para ello, porque han de confiar en ellos y en su capacidad de trabajo.

Cuentan que Pierre DuPont (fundador del gigante industrial) era de esas personas que prefieren hacer ellos, en vez de "hacer-hacer" a los demás. Decía que no terminaba de fiarse de su gente y que para tener que rehacerlo todo, que prefería hacerlo él mismo desde el principio. Conforme su compañía fue creciendo esta actitud le provocaba graves problemas. Todo, todo debía pasar por él y eso era insostenible.

Una tarde, conversando con el presidente Jefferson le contó sus problemas y este le dijo: "Tanto usted como yo, consideramos a los hombres como niños y les tenemos un cariño paternal. Sin embargo, usted los quiere como se quiere a los niños pequeños: tiene miedo de dejarles solos sin la niñera". 

Los líderes ven en su gente personas libres, maduras y responsables, no niños. No les hacen el trabajo. Les aconsejan y les animan, pero es el subordinado el que debe solucionar el asunto como mejor pueda. El paternalismo es ineficaz.

¿Por qué no piensas en algo que vayas a delegar en tu gente esta próxima semana? Veras como aunque te parezca arriesgado, la gente puede dar mucho más de lo que imaginas. Déjales hacer. Déjales volar.  

viernes, 15 de enero de 2016

A veces cuesta volar

Ya estamos de vuelta. Un montón de sesiones esta semana en Madrid y otra en Pamplona, pero vuelvo a casa a tiempo para recoger a mi hijo mayor que viene a casa a pasar el fin de semana. Está estudiando en un colegio en Biarritz (Francia). Allí el parón por la Navidad es más corto que en España y el día 3 de enero volvió al cole. Pasar los Reyes Magos fuera de casa le costaba un poco. Porque a veces la vida cuesta.

Una mañana, sobre un lecho de hierba había tumbada una mariposa. Su cuerpo largo y esbelto y sus alas con hermosos colores (verde, azul, amarillo, naranja y rojo) estaban recubiertos de un polvito dorado que le hacía brillar con los rayos del sol. A simple vista nada le distinguía del resto de compañeras de su especie, pero ella... no podía volar.

Para una mariposa, el salir del capullo supone un esfuerzo ímprobo, que es el que le permite empezar a revolotear y levantar el vuelo. Sin embargo esta mariposa se quedó en la tierra con las alas bajas. Todo su ser le empujaba a ir con sus hermanas, pero era imposible. Como si tuviera un enorme peso encima se sentía "atada" al suelo. No conseguía remontarse. Quería volar, pero era imposible. Sus alas eran inútiles adornos.

Las otras mariposas le gritaban para que volara, pero ella les decía: "Prefiero mirar, así me divierto más". ¡Pero qué largo se hace el tiempo cuando hay sufrimiento! Los minutos le parecían horas y las horas días. Allí, esperando...

Un sapo verde y feo se le acercó con la evidente intención de cenar. Cuando estaba a punto de lanzarle la lengua, la mariposa le sonrió y este sorprendido detuvo su intención.

- Señor sapo, ¿usted también está solo?

- Paseaba por ahí y te vi.

- Mis hermanas andan por ahí volando por primera vez.

- ¿Y por qué no estás con ellas?

- Yo no puedo volar. Quiero y no puedo. No soy capaz. No se por qué, pero no soy capaz.

- Tienes miedo - le contestó el sapo-. Tanto miedo que te paraliza. No crees en tus propias fuerzas. Si no lo intentas nunca, no sabrás de lo que eres capaz.

- ¿Y si no puedo?

- Pues si no puedes, no puedes; pero a mí en tu lugar, me gustaría saberlo.

La mariposa se puso de pie, extendió las alas, las agitó y su cuerpo poco a poco empezó a elevarse. ¡Qué placer! ¡Podía volar!. El cielo se extendía y era suyo. La alegría le embargaba. Era feliz.

- Gracias - gritó al sapo con una reverencia mientras este se retiraba hambriento...

La mariposa se llevó algunos árboles por delante y se dio varios golpes pero no importa, son los golpes de la vida vivida. Su valiente decisión, aunque dificultosa, no fue equivocada. Lo que pasa es que la vida -cualquier vida- es así: requiere esfuerzo.

Buen regreso a todos.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Feliz Navidad 2015

Entre todas las estrellas que brillaban en el cielo, siempre había existido una más brillante y bella que las demás. Todo el firmamento la contemplaba con admiración preguntándose cual sería la misión que debería cumplir. Un día, unos ángeles fueron a buscarla: "Ha llegado tu momento, el Señor te llama para encargarte una importante misión".

Debía ser señal del acontecimiento más importante de la historia. La estrella se llenó de orgullo y brillaba con más fuerza y luz que nunca mientras emprendía el camino hacia su destino escoltada por varios ángeles. Los ángeles se pararon sobre un establo.

- ¿Pero esto qué es? -dijo la estrella- Aquí no hay ningún palacio, ningún castillo, ninguna mansión, ni oro, ni joyas... Sólo un establo medio abandonado, sucio y maloliente. Yo no pienso desperdiciar mi brillo en un lugar como este. Nací para algo más grande. Es imposible que aquí suceda lo más importante de la historia.

Los ángeles trataron de calmarla, pero su furia creció, creció y creció. Juntó tanta soberbia y orgullo que acabó estallando y desapareciendo.

En el Cielo se armó un revuelo. Quedaban pocos días para el gran acontecimiento y se habían quedado sin estrella. Los ángeles contaron a Dios lo ocurrido. Y este les dijo:

- Buscad y llamad a la más pequeña, a la más humilde y a la más alegre de todas las estrellas que encontréis.

Los ángeles, aunque sorprendidos, obedecieron al Señor y viajaron por el espacio hasta que encontraron a la más pequeña de las estrellas. Apenas un grano de arena que no le daba ninguna importancia a su brillo y se dedicaba a reír y charlar con sus amigas las estrellas más grandes. Los ángeles pidieron a la estrella que les acompañara a ver a Dios. Este le dijo:

- Querida estrella, he pensado en ti, la más humilde y alegre de todas las estrellas, para alumbrar el hecho más importante de la historia: el nacimiento del Niño Dios en Belén.

Cuando la estrellita llegó a Belén, se dio cuenta de lo insignificante de su brillo y pensó que no debería haber aceptado el encargo. ¿Qué iba a hacer una estrella tan pequeña como ella en un acontecimiento tan grande como aquel? ¡Que pena! ¿Cuántas estrellas grandes hubieran deseado estar allí esa noche?. Y entonces tuvo una idea: escribió un telegrama a todas sus estrellas amigas para invitarles el 25 de diciembre a medianoche a acompañarle a alumbrar semejante acontecimiento.

Ninguna de las estrellas rechazó tan generosa invitación, y tantas estrellas juntas formaron la Estrella de Navidad. El Niño Dios al ver aquel acto de amistad, convirtió a la estrellita en una estrella fugaz, y le dio la oportunidad de conceder un deseo a todo aquel que algún día la vea correr por el firmamento.

¡¡FELIZ Y SANTA NAVIDAD!! Y QUE EL 2016 VENGA CARGADO DE HUMILDAD, GENEROSIDAD Y MOMENTOS INOLVIDABLES

viernes, 11 de diciembre de 2015

Cámbiate de nombre

Esta semana corta he tenido tres sesiones en Alicante, una en Barcelona y aún me quedan dos mañana en Madrid. Camino de Alicante paré a comer con un buen amigo que dirige una fábrica de papel. Me comentó lo difícil que le resulta encontrar gente implicada en el trabajo. Todo son escusas, todo son escaqueos, Le conté este cuento que me contó una vez mi amigo Rubén:

Dos amigos empezaron a trabajar como peones en la misma factoría. Una gran empresa que se había instalado a las afueras de su pueblo. Desde el primer día ambos dieron lo mejor de sí mismos, pero pronto empezaron a verse estilos de trabajo distintos y trayectorias profesionales de distinto ritmo.

Yasta ganaba el aprecio de sus jefes rápidamente y Eske cada vez estaba más convencido de que le tenían manía y que no confiaban en él por razones que no llegaba a alcanzar.

Un día al empezar la jornada, el director de la planta les llamó a su oficina:

- Necesito -les dijo- que se ordene todo el material de mantenimiento de las máquinas. Tú, Yasta, te encargarás de la nave 1; y tú, Eske, de la 2. ¿Alguna pregunta?

- ¿Algún criterio especial para ordenarlo? - preguntó Yasta

- El que tú quieras, con tal de que sea sencillo y práctico - respondió el jefe. Y Yasta salió raudo a realizar su tarea.

Eske permaneció sentado, pensativo y luego preguntó al jefe:

- Verá, es que va a ser difícil ordenar bien las herramientas, porque es que siempre hay alguien usándolas. Además hay muchas que no valen y se siguen guardando.

- Bueno, haz lo que creas oportuno y luego me cuentas

- Ya pero es que seguramente no podremos clasificarlo todo porque es que no hay suficiente espacio en el mismo armario.

- ¿Estás seguro de ello?

- ¡Hombre! seguro, seguro no, pero será complicado.

- Bueno - contestó el jefe- inténtalo y luego me cuentas.

Al final de la jornada, Eske se presentó ante el jefe:

- Perdone. Me he puesto a ello pero no he podido avanzar casi nada. Es que he empezado a recorrer la nave para ver cuántas herramientas había en total y era un follón. Luego he ido a los armarios y es que están llenos de trapos viejos y material en desuso y habría que tirarlo todo antes para ver qué espacio queda.

- Bueno, pues mañana a primera hora lo tiras todo ¿vale?.

- Es que es mucho y no se si cabrá en el contenedor de fuera

- ¿No lo sabes o no cabe?

- Bueno, no lo se. Creo que no cabe.

- ¿Pero has visto el contenedor? - replicó el jefe -

-Si. Bueno. No, pero es que casi siempre está hasta arriba. No he tenido tiempo de ir a mirarlo. Es que me han llamado del almacén para unas cosas y luego todo se ha liado...

Yasta se acercó por el fondo del pasillo. El jefe le preguntó:

- Bueno, ¿cómo va lo de las herramientas?

- Ya está.

- ¿Todo?

- Si. He tardado un poco más porque he aprovechado para vaciar todos los armarios de material viejo y así cabían más cosas. Además he necesitado pedir otro contenedor porque el nuestro estaba casi lleno. El supervisor de la planta me ha aprobado la petición y mañana estará en la nave. Así que mañana termino de recogerlo todo y si quiere le hago un inventario de lo que está defectuoso y habría que renovar.

Yasta siguió avanzando por el pasillo hasta la salida, mientras el jefe se dirigía a Eske:

- ¿Has visto lo que él ha hecho?

- Bueno, es que él pudo hablar con el supervisor y...

- Ya, pero no me refiero a eso. Me refiero a su capacidad para sorprender por hacer las cosas antes y mejor de lo que cabría esperar. Para los que dirigimos equipos, y tratamos de conseguir que todo funcione correctamente, oír la frase "ya está hecho" es como música celestial, un descanso para la tensión diaria. Pero no sólo para mí, también para el que lo ha hecho: es un subidón de positividad y de autoestima. ¿Quieres que te ayude?

- Desde luego, jefe. A mí me gustaría cumplir, pero no se qué pasa que nunca dejo satisfecho a nadie: ni a mis jefes, ni a mí.

- Mira, lo único que debes hacer es no volver a decir "es que". Cada vez que dices esa palabra te frenas tú y desesperas a los demás. Te orientas a los problemas en vez de a las soluciones. Es malo para ti, para tu imagen y exaspera a tus jefes. Si logras cambiar eso, ganarás autoestima, eficiencia y el aprecio profesional de los demás.

- Gracias jefe, pero es que...

- ¿¿Ya empezamos??

- No, si lo que quería decir, es que voy a tener que cambiarme el nombre. Desde hoy, en vez de Eske, seré ¡Hecho!.



¿Cómo te llamas tú?